¡Feliz cumpleaños, querido Tito!

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¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
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¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
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¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!
¡Feliz cumpleaños, querido Tito!

En el día de hoy, 13 de agosto, festeja sus noventa años el Dr. Alberto Travería, el médico sencillo y humilde, que supo estar entre muchas cosas en el bombardeo a Plaza de Mayo, en 1955, en donde asistió a los heridos y recogió a los fallecidos.

¡Gracias, Doctor por ser suarense!

A continuación, LU36 ‘Radio Coronel Suárez’ compartirá con todos una entrevista realizada en el año 2010 por Javier Diaz.

 

Alberto Travería, nueve décadas de trabajo, humildad y solidaridad    

Hace algunos años, al realizar notas periodísticas a personajes de Coronel Suárez, llegué al hogar del Dr. Alberto Travería y me encontré con una mesa repleta de fotografías, con las que pensaba ilustrar los momentos más importantes de su vida. Junto al protagonista de la entrevista estaba su esposa, que todo lo sabes sobre él y lo cuida en cada detalle, que acota cuestiones que son importantes pero que la humildad de Alberto hubiera preferido callar, como su entrega total para desempeñar la tarea de médico de policía y a tal punto que expuso su patrimonio para desarrollar la tarea.

Pero no habíamos visto todo. De repente suena el teléfono, el llamado era para el doctor y su esposa, quien todo lo sabe, comentó que la pasión de Alberto Travería son sus pacientes y que si bien son pocos, a los 81 años (hoy cumplió sus juveniles 90 años) sigue atendiéndolos. Detrás del teléfono había una paciente, a quien no le pudo decir que no la podía atender y por lo tanto minutos después, el timbre de la puerta anunciaba que alguien había llegado.

Era la paciente, la cual –según el Dr. Travería- venía a buscar unas recetas, pero se ve que Marta, su esposa, sabía que no era una simple prescripción médica y casi susurrando, él intima con el periodista y le dice: ‘la está retando, pobre’. Seguro que no fue así, que quizás su mujer estaba preservando la nota periodística… pero que importaba, ni dudamos que para el Dr. Travería lo más importante son sus pacientes, digno de un suarense destacado.

¿Por qué esta reflexión? Porque no encontramos otra manera de describir al Dr. Alberto Travería que con esta anécdota, un simple momento en su vida, simple pero importante y hasta trascendente, porque su pasión fue la medicina y los pacientes el objeto con el cual saciar esa pasión que lo embargó toda su vida.

De hecho, y sin ánimo de reproche, su esposa afirmó que los pacientes fueron su prioridad, a cualquier hora que se lo convocara tomaba las llaves de su automóvil y partía rumbo al domicilio de la persona que lo había llamado, sin importar donde vivía.

Esa pasión por asistir al prójimo se conjuga a la perfección con valores naturales de su personalidad, como lo son la solidaridad y el apego a la familia. De hecho, su paso por el Hogar La Providencia y la atención en el Materno Infantil, en este lugar junto a su gran amigo Raúl Caccavo, evidencian la necesidad que tuvo de estar al lado del desamparado, de aquel que tuviera alguna carencia afectiva.

 

Un catalán en Buenos Aires

La historia de esta familia en la Argentina se remonta a los años ’20, cuando Isidro Travería llega al país procedente de su Barcelona natal, junto a un entrañable amigo, Paco Monfá, ambos arriban con un deseo absoluta de progreso económico y, por tal razón, “entra a trabajar en un almacén, en donde conoce a don Carlos De Lusarreta y al poco tiempo, por decisión de este último, se traslada a Coronel Suárez para administrar un comercio”, dijo Alberto Travería, en referencia al almacén que haría historia en aquel incipiente pero siempre pujante pueblo, nos referimos a la Casa De Lusarreta.

Relató nuestro pionero que “Aurelio De Lusarreta se retira de la sociedad y le deja a Carlos De Lusarreta, su hermano, el almacén y como era muy amigo de mi padre, lo incorpora y se convierte en el gerente de toda la empresa” y señaló que “su vida pasó por ahí y el progreso económico que logró fue de la mano de don Carlos De Lusarreta y es por ello que en ese afán de progresar compra 1400 hectáreas, cerca de Cascada, explotación agropecuaria que en este momento la administran mis hermanos y mis hijos”.

Por el relato que hace Alberto Travería, su padre llegó sólo a la Argentina y había dejado un amor en España, una mujer que enamorada como estaba decide esperar que Isidro volviera o le rogara que lo acompañara en la aventura de formar una familia en la Argentina. Esta mujer se llamó María Josefa Juana Vilocca, quien cinco o seis años después que su novio arribó al puerto de Buenos Aires y desde allí, seguramente en tren, emprende viaje hacia Coronel Suárez y casi en forma inmediata se casan.

“Se casaron en el año 1923 o ’24 y tuvieron cuatro hijos, María Victoria nació en el ’25, quien falleció por insuficiencia respiratoria, provocada por el asmas que sufrió desde muy chica, ella hizo la secundaria en Azul; Isidro nació en el ’27, el estudió en el Colegio La Salle de Pigüé; yo nací en el ’29  y Eduardo en el ’32, quien estudio en el Colegio Nacional, bajo la dirección del recordado Julio César Lovecchio”, expresó don Alberto Travería.

Sobre aquel inicio, Alberto Travería comentó que “aquellas eran otras épocas, de mucho sacrificio, mi padre me contaba que dormían arriba del mostrador del almacén”, pero resaltó que “también es verdad que en aquellos años había otras posibilidades, fijate que viene como inmigrante, con todo lo que ello implica y logró comprar 1400 hectáreas de campo, aunque hipotecadas, que terminó de pagar poco tiempo antes de morir, pero le dejó esa herencia a su familia”.

“Había otras oportunidades de progreso”, sentenció Alberto Travería, para referir que “con don Carlos De Lusarreta crecieron juntos en lo económico, quien además se convirtió en un gran consejero para mi padre y toda la familia”.

En cuanto a la relación con su padre, Alberto Travería sostuvo que “era muy buena, lógicamente… los padres eran medios patriarcas, la relación no era tan vinculante como con la madre, que dirigía toda la casa… como mi esposa Marta, se dedicaban totalmente a los hijos” y dijo que “teníamos gente de servicio, como cocineras, mucamas y niñeras, incluso hubo planchadoras y costureras, fijate vos las cosas que se tenían antes”.

 

Su infancia

Nuestro vigésimo pionero nació un 13 de agosto de 1929, con la asistencia de la partera señora de Corrales. El niño Alberto tuvo una infancia feliz, a pesar de la operación de amígdalas que le practicó en su propia casa el doctor Augote, mientras el doctor Juan Harriott lo sostenía para que no se moviese. Junto a sus hermanos gozó de un padre trabajador y una madre protectora.

Cursó el jardín de infantes y primer grado en el Colegio San José, culminando sus estudios primarios en la Escuela Nº 1, conservando un imborrable recuerdo de su maestra de tercer grado, la señora de Giura.

"Mi niñez fue muy linda, tengo recuerdos muy gratos", recuerda con nostálgica emoción el distinguido ciudadano, reconociendo que "tuve una madre de las antes, dedicada a su hogar exclusivamente, un padre muy trabajador - trabajó siempre en la Casa Lusarreta -; recuerdo que todos los veranos íbamos a veranear un mes a Monte Hermoso mientras mi padre seguía trabajando".

"¿Era un niño travieso doctor?", fue la pregunta, admitiendo que "no, era manso, en esa época nos gustaba jugar al fútbol, a los cowboys, éramos un grupo de chicos tranquilos, jugábamos a la pelota donde ahora está el Barrio Aramburu que por entonces era un inmenso baldío".

"En el Colegio Sarmiento hice grandes amigos, y además de la señora de Giura, recuerdo mucho a Magdalena Bedouret de Jovell", afirmó.

Recordó que “vivimos en Sarmiento y Avellaneda, en la casa paterna y allí estuve hasta que me fui a estudiar de pupilo, al Colegio Marín, en donde tuve compañeros muy queridos”, al tiempo que indicó que “el jardín de infantes y el primer grado lo hice en el Colegio San José, después, hasta sexto grado, fui al Colegio Sarmiento, para finalmente viajar a San Isidro para incorporarme a un colegio religioso, el Marín, en donde estuve cinco años, recibiendo el título de bachiller. Ahí tuve muchos amigos, tales como Burzaco, que trabajó en la Casa de Gobierno durante muchos años; Leopoldo Montes, un gran dermatólogo; Ugarte, que fue intendente de Rauch y Eduardo Bakhchellian, el creador de Gatic, quien además es una gran persona”.

En los años de la infancia, Alberto Travería se manifestó como un amante del buen cine y es por ello que señaló que “íbamos al cine a matinée todos los domingos, mientras que los sábados acompañábamos a mi padre al campo, iba también con nosotros Miguel Ruiz, que era un empleado de la Casa De Lusarreta”.

“Mi padre me mandaba a comprar los cigarrillos al Hotel La Paz (estaba ubicado sobre calle Brandsen, frente al Mercado de las Artes), se llamaban los ‘Sublimes’, son pequeñas cosas que hacen a mi semblanza”, enfatizó el Dr. Travería.

Recordó que los carnavales del Coronel Suárez de antaño eran muy buenos, pero señaló que “me asustaban un poco porque había muchas mascaritas” y comentó que “íbamos en automóvil por calle Mitre y se doblaba alrededor de la Plaza, mi padre no iba sino que nos dejaba en manos de Ruíz o Guayan, y no olvidaré nunca a las mascaritas que se acercaban al auto y nos asustaban, a mi me daba terror… no se por qué, pero me asustaba” y explicó que “en los días de carnaval se debía tener mucho cuidado para circular por el pueblo, porque estaban las famosas mojadas… todos terminaban bien empapados”.

Todavía en Coronel Suárez, don Alberto Travería jugó al fútbol y salió campeón en segunda división, también se desempeñó como jugador de pelota a paleta, también practicó remo y tenis.

 

Juventud de estudio y fútbol

Confeso hincha de Boca Juniors, el doctor Alberto Travería aprovechaba sus salidas juveniles del colegio donde estaba como pupilo para ir al cine o a los estadios a ver a su equipo amado.

Como en Coronel Suárez no existía la escuela secundaria y don Isidro Travería y María Vilocca pretendían un futuro mejor para su hijo, no le quedó más remedio que estar pupilo en un colegio de San Isidro, el reconocido y prestigioso Carmen Arriola de Marín, un instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

“Tengo muy buenos recuerdos de aquella época; los profesores reafirmaron en mi los principios y valores, es algo que uno reconoce con el tiempo, porque mientras uno está pupilo protesta". Rebelde como todo joven, hoy Travería reconoce entre sonrisas que "por entonces era la época de la Segunda Guerra Mundial y yo decía: `tantas bombas que caen en Europa, ¿no podría caer una arriba del colegio?' Pero con el paso de los años agradezco de todo corazón ese tiempo que pasé en el colegio".

No debía ser fácil para un joven estar pupilo, y así lo reconoce, recordando que "mientras estábamos pupilos contábamos los días que nos faltaban para salir, cuando nos ponían el baúl al lado de la cama para que comenzásemos a juntar la ropa era una alegría tremenda".

Quizás los jóvenes de hoy deberían leer estas palabras, para comprender que a veces en la vida se triunfa en base al esfuerzo y la dedicación. "Las clases eran de lunes a sábado y estudiábamos bastantes horas por día y el domingo, los que no teníamos quien nos sacara nos quedábamos en el colegio". Recuerda que "hasta tercer año salí muy poco, pero ya en cuarto y quinto salíamos más y aprovechábamos para pasear en Buenos Aires", sonriendo al rememorar que "la diablura era ir a comer pizza a Las Cuartetas (afamada pizzería de la calle Corrientes) o a matinée al cine", aclarando que "solía sí ir al fútbol, que me gustaba mucho, sobre todo a ver a Boca".

Siendo pupilo practicó remo y recordó que “casi me ahogo en el lago… resulta que yo no sabía nadar, a pesar de que íbamos todos los veranos a Monte Hermoso a veranear, un mes estábamos allá, pero no aprendí aunque estaba familiarizado con el agua, igualmente me largué al lago”.

“Normalmente, en el lago el agua me llegaba al mentón, salvo en la compuerta, en donde se había profundizado y yo sin darme cuenta me metía y cuando advertí que el agua me tapaba comencé a saltar con las manos para arriba… mis compañeros pensaban que estaba haciendo una ‘joda’, pero llegó un momento que no pude saltar más y fue ahí que advierten que me estaba ahogando, y me tuvieron que sacar”, enfatizó don Alberto Travería.

En cuanto a la vida en el colegio, resaltó que “todos los días íbamos a misa, en el mismo establecimiento educativo había una capilla, así que se nos facilitaba el acceso, había un capellán que vivía en el colegio y por lo tanto la misa era a las 7 de la mañana, después venía el desayuno y a clase, con doble turno, hasta las 5 de tarde que nos daban la merienda, venían un recreo largo y después volver a las aulas para hacer los deberes… la hora del estudio”.

 

Lo que le dejó el haber sido pupilo

En la actualidad, es muy difícil para los adolescentes comprender cómo una persona puede estar pupilo en una escuela, se lo puede llegar a confundir con perder la libertad, pero para Alberto Travería fue muy positivo y le dejó muchas enseñanzas y valores.

Sobre el particular, dijo que “nos formo en la disciplina, en el respeto a la autoridad y a los mayores, además de enseñanzas muy buena. Sí comparo con los muchachos que se forman acá había mucha diferencia, era muy intensivo el estudio. Afortunadamente, no porque me gustaba sino porque me lo imponían, aprendí mucho, y me sirvió después para la carrera universitaria. La enseñanza educativa era muy buena y en lo que era educación social, sobresaliente…”.

Con mucha nostalgia, expresó que “el Padre Paulino, ‘jeringa’ le decíamos, nos enseño a amar la literatura y, principalmente, los títulos más importantes de la literatura argentina y española. Nos enseñó a leer, exprimía los libros y nos provocaba interés para leer a esa edad… una demostración de lo buen profesor que era. Lo tuvimos en el tercer año”.

Agregó que “también debo resaltar al hermano Miguel, en el quinto año, era muy bueno; el Padre Actics, un sacerdote que nos daba historia, me hizo amar los hechos del pasado, que son por demás útiles para analizar el presente. Tengo muy buenos recuerdos del colegio, pero cuando estaba allá no me agradaba mucho (risas), esperábamos desesperados que llegaran las vacaciones para volver al lugar en donde uno había nacido”.

Entre las travesuras que nos contó, el Dr. Travería contó que “en el parque del Colegio Marín había naranjas y en ocasiones nos escapábamos para ir a robar algunas, hasta que un día nos agarró un cura con las manos en la masa… arrancando unas naranjas, tuve que devolver varios ‘vales’, que eran el salvoconducto para salir los domingos”.

 

La medicina, una pasión

Hoy no caben dudas que la medicina fue una correcta elección para Alberto Travería, lo pueden certificar sus pacientes y todos aquellos que alguna vez recibieron su humana y dedicada atención.

Pero a veces es necesario el por qué de una elección. El Doctor comentó que "terminé el secundario y había que elegir una carrera porque para eso me hicieron seguir el secundario mis padres", admitiendo que "a mi madre le gustaba que siguiese medicina y yo no tenía inclinación por otra cosa, ya que matemáticas no era mi fuerte, no era muy ducho en la dicción para ser abogado y entonces me pareció que medicina podía ser mi futuro".

Sobre la carrera, cursada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires a partir del año 1949, recuerda que "empecé trabajando de entrada, en segundo año ya era vacunador en la calle Campichuelo y de a poco me fui haciendo en lo que me gustaba", reconociendo que "estoy muy agradecido de que me hayan empujado en este derrotero, estoy seguro de haber elegido la carrera correcta".

Recibido en 1956, fue practicante en los hospitales Bosch, Tornú y Presidente Perón, de Avellaneda, realizando guardias diarias hasta obtener el grado de Practicante Mayor y Médico de Auxilios.

Sin embargo, el terruño tiraba, y este suarense tenía la vuelta como objetivo. "Siempre tuve la idea de volver a Coronel Suárez y cuando llegué ya me esperaban los doctores Caccavo, Raúl y Néstor. Ellos me encarrilaron, ingresé al Hospital e hice toda mi carrera, además de ser médico de policía, de la fábrica (Gatic) y profesor de colegio".

El primer consultorio del doctor Alberto Travería estuvo en la casa familiar, en Sarmiento y Avellaneda. "No me acuerdo del apellido de mi primer paciente, pero sí de él", admite, recordando que "era un señor muy grandote que era bolsero. Cuando entró, mi mamá que hacía de secretaria porque todavía no tenía una enfermera, se asustó porque tenía miedo que me pasara algo al verlo tan grande", reconociendo con ternura que "ella pensaba que yo seguía siendo su nene".

Sus primeros pasos fueron firmes, pero no por ello realizados con especiales cuidados, como corresponde a cada novel profesional. "Yo venía bastante fogueado, porque había hecho muchas guardias en Buenos Aires, pero había un temor a equivocarme, a no hacer las cosas bien, como siempre quise hacerlas", apuntó.

Estar con un médico conduce, generalmente, a abordar temas metafísicos, como la muerte. Y saber que piensa alguien que convive diariamente con ella suele ser importante y puede marcar el Carácter de una persona. "Toda muerte de un paciente es un fracaso para uno", reconoce Travería, admitiendo que "es ver desmoronarse un edificio que uno cree que tiene la obligación de mantener. Uno se siente frustrado, desconcertado, piensa si ha hecho lo necesario, pero así es la profesión". Como todo en la vida, siempre hay una ida y vuelta. Y ser médico puede producir tristezas, pero también alegrías. "Todo se compensa cuando uno trae un chico al mundo o cuando un paciente nos cuenta que se siente mejor: es la alegría, la contraparte".

De su época de estudiante, dijo que “tuve que ir a una pensión, me la dio la hermana de don Carlos De Lusarreta y después fui a la casa de Capdepont, quien me dio alojamiento durante los diez años que duró mi carrera, en los últimos años tuve como compañero al que luego sería el Dr. Moyano, un profesional muy querido en Luján”

Al Dr. Alberto Travería lo caracteriza la sinceridad y es un extremista en este sentido, a tal punto que expresó en la entrevista que “esos años fueron de mucho esfuerzo y sacrificio porque no tenía mucha capacidad intelectual, evidentemente, porque me costó obtener mi título, pero no porque no estudiara…” y resaltó que “estudiaba de noche y llegué a conocer hasta los bichitos que venían a la lámpara… era una cosa de locos, pero mi capacidad intelectual no era brillante, por eso me costo bastante, incluso tuve que repetir algunas materias, porque era muy riguroso”.

Tan sincero es nuestro entrevistado, que además dijo que “no podía fallar, debía corresponder al esfuerzo que hacía mi familia, porque Isidro y Eduardo trabajaron para que yo pudiera estudiar, papá falleció y ellos trabajaron para que el ‘nene’ pudiera estudiar en Buenos Aires. En 1950 falleció mi padre y yo me recibo en el ’57, así que siete años me tuvieron que bancar”.

 

Un practicante en medio de un bombardeo

En la entrevista, don Alberto Travería relató que “a partir de quinto año comencé a hacer guardias en los hospitales, sobre todo en el Hospital Bosch. Fui médico de auxilio, que era aquel que salía con la ambulancia”.

El 15 de junio de 1955 se produce el hecho histórico recordado como el Bombardeo de la Plaza de Mayo, también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo. Ese día un grupo de militares y civiles opuestos al gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentó asesinarlo y llevar adelante un golpe de estado y, si bien fracasaron en su propósito, durante el mismo varios escuadrones de aviones pertenecientes a la aviación naval, bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, ubicada a su vera, el edificio de la Confederación General del Trabajo (CGT) y el edificio que en aquella época servía como residencia presidencial, causando la muerte de 308 personas y más de 700 heridos siendo, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval (contra su propia gente). Perón se había retirado al Ministerio de Guerra ubicado a 200 metros de la Casa Rosada, por lo cual no estaba en ella al comenzar los ataques aéreos y el intento de asalto por fuerzas de tierra. La violencia, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, con la cual se ejecutó el hecho y el desprecio por la vida de las personas hace que se lo vincule con el terrorismo de estado, aparecido años después en el país.

¿Por qué traemos esta referencia histórica? Simple, el Dr. Alberto Travería estuvo asignado a asistir a los heridos y a recoger a los muertos.

Aquel momento en su vida lo recordó expresando que “aquel 15 de junio de 1955, me tocó salir con la ambulancia a asistir a los heridos y muertos de Plaza de Mayo. Salimos y caían las bombas y sentíamos el tableteo de las ametralladoras… cuando veíamos que nos acercábamos mucho al centro del enfrentamiento, con el chofer nos escondíamos debajo del volante, teníamos miedo de que nos alcanzaran las balas”.

“La verdad es que la pasamos muy difícil, recogimos muchos cadáveres y heridos, con éstos íbamos a Esmeralda 66, donde funcionaba Asistencia Pública, dejábamos los heridos y volvíamos a salir. Llegó un momento que me dijeron que ya no saliera porque había tenido ya muchas salidas, pero me resistí porque quería seguir ayudando, igualmente me hicieron quedar…”, expresó Travería.

Continuó el relato expresando que “como había salido tantas veces y auxilié muchos heridos, a los pocos días se conoció la noticia que el Gobierno iba a reconocer la valentía que habíamos tenido; entonces, llamaron al hospital y preguntaron quien había sido el médico de Guardia de auxilio, y ese día le tocaba al Dr. Linovski, pero lo tuve que reemplazar yo porque vivía en Avellaneda y como habían levantado el puente no pudo llegar, así que tuve que salir yo porque era el practicante mayor”.

“Cuando hicieron el reconocimiento, entregaron un diploma, fue para el Dr. Linovski, no fue para mí y, realmente, lo lamento en el alma porque hubiera tenido un diploma firmado por Perón por un acto heroico, por haber asistido a las víctimas del bombardeo”, afirmó Alberto Travería.

Seguidamente, opinó sobre lo que había vivido y lo hizo afirmando que “el miedo desaparece cuando uno tiene una misión que cumplir, que fue lo que me sucedió, uno asume la responsabilidad… pero miedo tenía, porque sentíamos que las balas nos pasaban muy cerca. Es bravo, la gente no sabe lo que es la guerra, la gente no tiene ni idea… temblaba la ambulancia cuando caían las bombas cerca, uno sigue adelante porque la obligación de cumplir con el deber nos impone hacerlo” y repitió varias veces la frase: “La guerra es un horror”.

 

La familia

Como ya lo hemos afirmado, Travería es un hombre solidario y en aquellos años de practicante, “como era del interior y mis compañeros en su mayoría eran de Capital o de un lugar cercano, me pedían a mi que hiciera las guardias de los días festivos, por lo tanto todos los feriados a mi me tocaba trabajar”, reflexionando que “no venía seguido a Coronel Suárez, porque no era fácil viajar en aquellos años”.

Destacó el Dr. Travería que “a mi esposa, Marta Brito, la conocí a través de la Guardia, por medio de unas amigas. Me acompañaba al hospital a hacer las prácticas, la verdad que fue muy buena compañera, me estimulaba a estudiar y es por ello que gran parte de mi título de médico se lo debo a ella. Incluso me acompañaba a los exámenes. Estuvimos dos años de novio, nos casamos en el año 1959, el 22 de enero” y resaltó que “en el último año no salimos para nada, sólo para tomar un café en una confitería… estudiaba mucho en esa época”.

Explicó que “nos casamos en Buenos Aires y casi en forma inmediata nos venimos a Coronel Suárez” y comentó que “en el inicio de nuestra vida matrimonial vivimos en la casa paterna, en Las Heras y Sarmiento”.

“Me instalo en Coronel Suárez, en donde soy muy bien recibido por Néstor y Raúl Caccavo”, dijo el entrevistado, para añadir que “en aquel entonces para instalarse había que visitar previamente a todos los médicos que había, eran pocos… unos 8 o 9, los visité y saludé para que me admitieran, en esos años estaban Juan Harriott, Berra, Patané, Héctor Torras, Sbinder… era algo obligado para poder trabajar, no es como ahora que a muchos de los médicos no los conozco”.

Insistió con que “Raúl y Néstor me recibieron muy bien, con Raúl formé una increíble amistad, me facilitó e hizo ingresar al Materno Infantil como médico y después con ellos hicimos un equipo que ayudaba en cirugía”.

“Tuve una gran amistad con Raúl, quien fue una gran persona”, dijo Travería, pero su esposa acotó que “hicieron un gran equipo, porque en ese momento no había especialistas y ellos hacían todo, ginecología, obstetricia y cirugía… formaron un equipo y abarcaron todas las especialidades. Así curaban a toda la gente y a él le habían asignado la colonia tres, a donde iba incluso a medianoche o de madrugada, nunca llegó a un hogar de mal humor, la medicina fue y es su pasión”.

Destacó Travería que “después de atender en el Materno Infantil, en donde trabajé durante varios años, recuerdo que nos íbamos al laboratorio del Dr. Alberdi a charlar, era un pasatiempo que teníamos, nos contábamos las quitas entre cuatro o cinco médicos y el Dr. Alberdi”.

“Al poco tiempo ingresé como médico de guardia del hospital, en donde estuve muchos años; fui designado como médico de la sala de primeros auxilios de Curumalan, a donde viajaba dos o tres veces por semana, siempre por el camino de tierra, iba los lunes, miércoles y viernes. Por la tarde hacía consultorio, siempre con la colaboración de dos secretarias muy eficientes que tuve, eran ellas María Teresa López y Susana Schereiber, a parte de mi esposa, que me acompañaba a hacer las visitas”, enfatizó.

En cuanto a la relación con los pacientes, Marta Brito, su esposa, dijo que “era muy buena y familiar, la verdad que era bien recibido y la atención era buena, atendía de todo… partos, ginecología, y hasta pediatría. El paciente era amigo del médico, cuando se sentaba delante de él además de recetarle le contaba sus problemas personales. Era un médico amigo y consejero, era lo que dijo en alguna oportunidad el Dr. René Favaloro… un médico rural”.

Opinó, además, que “el medico y el paciente eran amigos, porque les contaban sus problemas familiares, entonces algunas cosas las podía solucionar, pero como le tenía tanta fe y confianza la palabra de aliento que le daba por algún problema fuera de la medicina era mucho. Se tarta de un médico – consejero”.

Al intervenir el Dr. Travería, dijo que “hoy la relación es distinta, más profesional y científica. Al haber especialidades cada médico se dedica a lo suyo y hace que pueda profundizar el diagnóstico, por eso ha progresado y por eso la edad promedio de vida pasó de 60 a 80 años. En el aspecto científico se ha progresado y quizás la relación con el paciente sea más fría, pero se reemplaza por una mejor medicina”.

 

Otras acciones comunitarias

Alberto Travería hizo muchas cosas en su vida, como por ejemplo atender tres días por semana, durante siete años, en la Sala de primeros auxilios de Curumalán, haber sido médico de reconocimiento de los pilotos del Aero Club o médico durante diez años del Hogar La Providencia.

“Al fundar el Padre Gerling el Hogar La Providencia, me designa médico y atendí durante varios años a las 45 niñas; posteriormente, el Padre Montero funda el Instituto Estrada y una vez más me convocan, pero esta vez para dar clases. A Luis Montero me unía una gran amistad, a tal punto que hasta salimos de vacaciones juntos, a diferentes lugares”, expresó Alberto Travería.

"Quizás hoy sería distinto como profesor", reconoce, admitiendo que "tal vez hubiese tratado de ser de otra manera, me hubiese gustado enseñarles a los chicos cosas que son fundamentales para la vida de relación, para vivir en sociedad". Pese a que reconoce que ser profesor le agradaba, poseedor de un gran sentido de la responsabilidad explica que "no sé si lo hice bien, yo era profesional, pero no de la enseñanza, no sabíamos pedagogía, por eso cuando llegó gente preparada me retiré". La Escuela Industrial y el Instituto José Manuel Estrada supieron de sus ganas de enseñar.

“Fue algo gracioso como el padre Montero tuvo que buscar profesores y fue así que para anatomía puso al Dr. Barnetche y a mi me quedaba historia; en realidad, iba una clase más adelantado que los alumnos, porque tenía que leer para después dar la materia, pero me gustaba la historia, el Padre Actic en el Marín me hizo entusiasmar sobre los hechos del pasado.

Otro hito en la vida del doctor Alberto Travería fue su desempeño durante 30 años como médico policial, fuerza de la que se retiró con el grado de subcomisario, evidente premio a su trabajo responsable, dedicado y profesional.

"Es un trabajo difícil, de mucha responsabilidad, pero siempre conté con el apoyo de mis superiores y de mis compañeros en la Policía; yo los respeté y ellos me respetaron". Apuntó que "es una tarea complicada, pero la llevé adelante bien y con gusto".

El Dr. Alberto Travería ingresó a la fuerza policial al fallecer el Dr. Barreneche y señaló que “como medico de policía me han quedado desde ya anécdotas de todo tipo, la que más recuerdo son las graciosas” y comentó que “al ser profesional de la medicina, uno está imbuido con la personalidad de que uno tienen que imponer su prestancia y, en este caso, ante la persona que necesita la asistencia. Por eso, en una oportunidad me convocan y me dicen que en determinado lugar había un señor que se ha trastornado y está armado y me piden si no podía tratar de persuadirlo y de esa manera desarmarlo. Imbuido con la personalidad de que el médico debía imponerse es que voy a esa casa y con presencia le digo: ‘José, soy el Dr. Travería… hace el favor de darme el arma’ y no terminé de expresar la frase que ya me estaba disparando, tal susto me pegué que terminé corriendo y escondiéndome detrás del móvil”.

Sin dejar de reírse por la situación, expresó que “tuve otra similar, en una oportunidad tenía a un detenido agarrado entre varios policías y me dicen: ‘Doctor, vaya a verlo’, entonces me presente ante los policías y el delincuente que estaba enfurecido, forcejeaba, y lo miro, y les digo: ‘suéltenlo’, no hago más que decirlo esa palabra que les cambio la orden: ‘Agárrenlo’, porque se me venía encima como un loco”.

Su esposa, acotó que “en esos años no había móviles y siempre ponía su vehículo, incluso hacía reemplazos en la zona y viajaba bajo su costo”, indicando nuestro pionero que “a mi me suplantaba Raúl Caccavo”.

“En esta tarea debo reconocer el apoyo que siempre recibí de José Felipovich, me ayudaba en las autopsia y estaba a mi disposición. Fue un gran ayudante”, sostuvo, mientras que resaltó que “no había tantos delitos ni crímenes como ahora, pero igualmente hubo muchas cuestiones que atender y demasiadas autopsias que realizar”.

A modo de reflexión dijo que “cuando veía un señor asesinado, sobre todo si era con alevosía y era un hombre con reconocidos rasgos de afeminado, seguramente era un crimen pasional y había que buscar al novio, así fue descubrimos un crimen muy renombrado en la ciudad” y agregó que “el homosexual cuando tienen pareja es más celoso que una mujer y lo fastidia tanto el hecho que como hombre salga con alguna mujer, que lo pone de mal humor. Descubrí dos o tres casos en Suárez, el homosexual es muy sensible, más que una mujer y no le permiten hacer nada”.

Destacó en parte de su relato, que “tuve a mi lado muy buenos comisarios, tales como José Dinolfo y Pedro Noel, no puedo decir nada de ellos” y agregó que “durante los 30 años que estuve en la policía no puedo decir nada de corrupción ni nada fuera de la ley y lo digo con orgullo, además de mi respeto por la policía jamás observé ningún acto de corrupción”.

Nuevamente intervino su esposa, Marta Brito, en la entrevista y fue para acotar que “se había corrido la voz que cuando venía un comisario nuevo le decían que ‘el médico de policía era el Dr. Travería y desde ya le digo que es muy recto’ y se había divulgado que no claudicaba bajo ningún punto de vista, por lo tanto nadie se atrevía a sugerirle hacer algo fuera de lugar”.

Y destacó que “con Noel dieron clases sobre prevención de la drogadicción, se prepararon muchísimo para hacer ese aporte a la sociedad. Como el tema de la droga era algo nuevo y daban clase en los colegios, entonces algunas maestras, con cierta cultura, se escandalizaron y decían ‘como dan un tema tan complicado que los chicos no lo entienden’, otras lo entendieron y mirá ahora como están las cosas. Fueron unos adelantados, se pasaron muchas horas preparando el material”.

 

Gatic, la fábrica del amigo

La entrevista no podía culminar sin abordar la amistad que unió a Alberto Travería con el industrial Eduardo Bakchellian, quien por condescendencia con esa amistad instaló en Coronel Suárez una fábrica de la empresa Gatic y de esa manera le dio bienestar y progreso a centenares de familias suarenses y, sin lugar a dudas, este gesto es la semilla de la industria en la ciudad.

Sobre el particular, Travería expresó que “el padre de Eduardo Bakchellian tenía una fábrica textil en Buenos Aires y cuando fallece se hace cargo de la empresa y consigue la licencia de fabricación de la marca alemana Adidas, es así que comienza a progresar a partir de la representación de las camisetas de fútbol, entre otras cuestiones, y se afianza en la producción de calzado deportivo”.

“Progresa tanto que decide poner, por su espíritu solidario, fábricas en distintas ciudades del país, pero lo hace con el objetivo de apoyar a sus amigos, tanto es así que instala una fábrica en Córdoba porque está Mildenberger, en Rauch porque estaba Ugarte, en Pigüé porque estaba Jaime Bru y en Coronel Suárez porque estaba yo, todos ex compañeros del Colegio Marín”, explicó Travería, quien agregó que “incluso algunos le pidieron que instalara en su pueblo una fábrica, porque en aquellos años faltaban fuentes de trabajo y sobraban las manos de obra desocupadas”.

“Eduardo, por solidaridad, instaló fábricas no porque le conviniera desde lo económico sino porque lo hacía con un espíritu solidario, el cual mantuvo hasta la actualidad”, afirmó Travería, quien indicó además que “lo imitó a su padre, quien recibió en su casa a los exiliados que huían de Armenia, la cual había sido invadida. A tal punto fue solidario que para recibir a sus ´paisanos’ que puso a su hijo pupilo para tener más capacidad de alojamiento en su casa. Eduardo Bakchellian fue pupilo viviendo en en el Barrio de Belgrano”.

“Eduardo heredó ese sentimiento solidario y lo sigue teniendo hasta ahora”, dijo Travería, quien al historiar rápidamente lo que sucedió con la fábrica, señaló que “Eduardo fracasó en su emprendimiento por ser solidario, porque en determinado momento, cuando por una resolución del gobierno, se permitió la entrada desmedido de artículos importados, la empresa empezó a temblar y entró en déficit. Tal es así que Fabián, su hijo, que era miembro del directorio, quería convencerlo para que cerrara algunas plantas y así despedir centenares de personas, pero Eduardo no lo permitió y dijo que si todos trabajan a full la empresa a la larga iba a salir adelante”.

“En ese entonces había gente con espíritu comercial, que estaba agazapada para comprar este tipo de empresas y en Coronel Suárez hubo alguien que por interés informó que Gatic estaba temblando y convenció a otros para tratar de que se funda del todo, para después poderla comprar por poco dinero y venderla por mucho más, y efectivamente así ocurrió”, enfatizó Travería.

Indicó que “Eduardo no despidió a un solo operarios, le quedaron deudas y se presentó en quiebra, comprando las acciones de Gatic el empresario Gotelli. Influidos los trabajadores por este empresario no producían lo que debían y fue así que la fábrica terminó en la quiebra” y añadió que “Eduardo quedó en la calle, ahora trabaja como asesor en algunas empresas para subsistir, mi amistad con él sigue como siempre”.

“Tiene la esperanza de que algún día pueda resurgir. El siempre dice que uno se tiene que hacer la idea de que va a vivir 140 años y como tenemos 80 todavía nos quedan 60 por vivir, por lo tanto es normal hacer proyectos y seguir con el mismo entusiasmo que cuando teníamos 20 años. Este es un legado que me ha dejado él”, afirmó Alberto Travería.

Resaltó, además, que “cuando instaló la fábrica me sumé al proyecto y casi dejé de atender en el consultorio, me dediqué a la fábrica hasta que se cerró” y refirió que “en la actualidad sigo con la profesión, porque no me jubilé como médico, sí de otras cosas… como médico de policía y de profesor”.

Sostuvo que “atendí en el Hospital todos los jueves y durante muchos años, principalmente en los consultorio externos, hasta hace unos meses, que tomé la decisión de dejar todo porque entiendo que debemos dar un paso al costado para dejar todo en manos de los jóvenes. No debemos anquilosarnos los viejos en los puestos de trabajo, son los jóvenes los que deben ocupar nuestros lugares”.

- ¿Por qué nunca estuvo tentado por participar en política?

- Nunca tuve ofrecimientos, pero reconozco que todos deberíamos tener la obligación de participar en política, pero no tuve oportunidad… fui de tendencia conservadora, tal como lo fue mi padre en la época de Perón. Recuerdo que en ese momento histórico la Casa De Lusarreta estuvo muy hostigada y mi padre sufrió mucho, los que vivimos esos años sabemos lo que fue y no quiero entrar a justificar ni recriminar esa época, pero como hijo de un gerente de la Casa De Lusarreta sufrimos. En casa no se podía nombrar ni hablar mal de Perón, porque teníamos miedo que detrás de la persiana nos escucharan. Fueron épocas bravas, para nosotros, quizás para la clase trabajadora tuvo su merecimiento, pero para otros fue difícil.

Al avanzar sobre el particular, dijo que “nunca les inculqué a mis hijos que fueran de tal o cual partido, tuvieron absoluta libertad. Los dejé al libre albedrío. En la actualidad soy un poco escéptico en lo político, pienso que el político fundamentalmente debe ser solidario, no tiene que hacer de la política una carrera… no ingresar porque rinde desde lo económico, todo lo contrario, tiene que ser solidario… es la virtud más importante que tiene que tener, debe sacrificarse por el prójimo y no hacer de la política una carrera universitaria para enriquecerse”.

 

La descendencia

En el final, Travería dijo que “estamos muy orgullosos de nuestros hijos, Marta es una gran pediatra y la prueba es que tiene mucho trabajo. Se casó con otro médico, Carlos Pellegrini, y tiene cuatro hijos, que están en muy buena senda; Paula está estudiando economía, Florencia trabaja, Carlos están en este momento en Alemania y Delfina es una muy buena alumna”.

Agregó que “Alejandra tiene dos hijos, Lucas que comparte su vida entre Estados Unidas y Argentina, estuvo estudiando Diseño Gráfico y ahora quiere hacer el bien a los demás y por eso se quiere incorporar al ejército norteamericano y la otra nieta es Pía”.

Marta Brito se definió como amiga de Lucas, más que abuela, y expresó que “en una oportunidad me dijo: ‘no todas las personas que tiene dinero son buenas’, y fue así que dijo que quiere ayudar el prójimo y el ejército lo espera”.

La familia Travería se completa con Alberto, quien con Guillermo, el más chico,  hace del campo una verdadera empresa, “está funcionando muy bien”, dijo don Alberto.

La entrevista finalizó y el cronista dejó al matrimonio con sus recuerdos y el orgullo de saber que han hecho un gran esfuerzo para disponer de una familia íntegra y solidaria, digna de un Coronel Suárez que crece en base a este tipo de grupos familiares.

Alberto Travería y Marta Brito cosechan lo que han sembrado, por eso reciben el amor de sus hijos y nietos, además de compartir los gratos momentos de la vida con ellos, sabiendo que no han pasado desapercibidos en la ciudad, fueron protagonistas de ella y es por ello que el ‘médico de corazón y solidario’ se puede sentir más que satisfecho por el deber cumplido.

 

Suarense destacado

La noche del 5 de agosto de 2004 no fue una más en la vida del Dr. Alberto Trabería,  porque esa noche la Municipalidad de Coronel Suárez, en nombre del pueblo todo, lo distinguió con el máximo reconocimiento que otorga el distrito y que es ser ciudadano destacado.

Al recibir la distinción, dijo que "esta distinción me honra, me satisface y me compromete a seguir luchando por este Coronel Su rez y por una Argentina mejor" y agregó que "hago partícipe de esta distinción a todos ustedes, el pueblo, que me permitieron realizarme".

Por su parte, el jefe comunal Ricardo Moccero dijo que "este homenaje es en nombre de toda la comunidad" y señaló que "esperamos que sigan naciendo personas como Alberto Travería, que han forjado una conducta, más allá de su profesión, como persona, ser humano, padre y abuelo que es".

Resaltó que "esto se refleja también en su humildad" y comentó que "siempre me toca la difícil labor de anunciarles la decisión y generalmente las personas que son destacadas como ciudadano destacado nunca quieren aceptar, porque su humildad es tan grande que no les permite aceptarla".

"Travería comprendió que en su persona va también un homenaje a todos aquellos suarenses que a diario dan su mayor esfuerzo para poder acompañar y aliviar el dolor de los que más sufren", enfatizó.

Por último, dijo que "lo que estamos haciendo esta noche es el deseo de un gran amigo, Raúl Alfredo Caccavo, quien me solicitó que fuera Travería el suarense destacado; él se sentiría muy alegre que su gran amigo, Alberto Travería, sea el distinguido de este año".

En una nota periodística previa, antes de la entrega de la distinción, Travería afirmaba, con absoluta humildad, que "lo he tomado con muchísimo orgullo, estoy muy contento, aunque lógicamente pienso que es demasiado y que no merezco tanta distinción". Explicando su anterior aseveración indicó que "hay muchísima gente en Coronel Suárez con más mérito que yo, lo que sucede es que están más en el anonimato, por ejemplo la gente que trabaja en los clubes, en las cooperadoras y que no tienen oportunidad de que su trabajo se manifieste como el nuestro, que somos profesionales". Prosiguió: "por eso creo que este es más un mérito de la gente que me acompañó que mío, sin ellos yo no hubiese sido nada; el mío no es el trabajo anónimo de esta gente que he nombrado, mucha gente trabaja más y mejor en forma anónima, por ejemplo mi mujer en Cáritas y tantos otros que tanto hacen, por eso digo que el mérito de esta distinción es de aquellos que han dejado que mi trabajo se manifieste", nombrando y reconociendo el mérito de "mis enfermeras, de los médicos, por ejemplo el doctor Raúl (Caccavo), todos los demás colegas, de los compañeros de la Policía, los trabajadores de la fábrica. En todos los lugares donde me desempeñé ellos fueron los que realmente se hicieron merecedores de esta distinción".

 

"No había celulares"

Cuando el doctor Travería nos contaba sus impresiones en el desempeño como médico de policía, y para demostrar el compromiso y la responsabilidad que se asumía desde el cargo comentó que "antes no había celulares y había que estar al pie del cañón, por eso a cualquier lado que fuese tenía que avisar por si me necesitaban, cientos de veces me ubicaron cuando estaba de paseo con mi familia o mis amigos y tuve que salir corriendo a cumplir mi función".

 

Su relación con Gatic

Alberto Travería fue compañero de secundario de don Eduardo Bakchellian, y allí comenzó una relación que aún hoy se mantiene. Y a través de esa amistad, Travería se relacionó con Gatic. "Dejé el consultorio para dedicarme en forma exclusiva a la fábrica, que en su momento llegó a tener 2050 empleados  y eso requería un trabajo permanente. Debí recibirme de médico laboral porque así lo exige la ley y trabajé allí hasta que la empresa dejó de trabajar".

 

Hombre de familia

Su mujer desde enero de 1959 se llama Marta Brito y fue el apoyo y la contención que necesitó para desarrollar su vida profesional y familiar. Si bien Alberto Travería reconoce que por su trabajo dejó en manos de su mujer la educación de sus hijos, nadie puede negar que fue y es un hombre de familia.

"A Marta la conocí en Buenos Aires y al poco tiempo de instalarme decidimos casarnos. Primero vivimos en casa de mamá, pero casi enseguida buscamos el nido propio. Fueron naciendo los 4 hijos, Martita, Albertito, María Alejandra y Guillermo".

"Novia fue la primera, aunque como todo joven antes habré tenido algunas cositas, pero ella mi primera novia de verdad, en mi época uno solía casarse con la primera novia".

El doctor Travería tiene seis nietos - Carlos, Lucas, Paula, Florencia, Pía y Delfina - pero se esperanza. "Espero tener algunos más porque los varones todavía no aportaron", aseguró.