“Hemos perdido la capacidad de empatía.”

“Hemos perdido la capacidad de empatía.”
“Hemos perdido la capacidad de empatía.”

06/12/2022 - Primera parte de la entrevista con Gladys Meyer, donde nos habla sobre su reciente jubilación de la docencia.


- 42 años de docencia que iniciaron ¿en qué año?

- En 1980, cuando vine a Suárez. Yo ya había dado clases en un colegio de La Plata. Vine con el traslado de Luz y Fuerza, que en ese momento era DEBA. Fui la primera mujer que trabajó en las oficinas. Eran todos hombres y yo era la única mujer.

- ¿En qué institución fue tu primera clase?

- En el Colegio Nacional. Julio Lovecchio fue a buscarme para cubrir unas horas de cuarto segunda. No había profesores de historia.

- ¿Cómo fue el proceso para llegar hasta estos días? ¿Cuándo fue el momento donde vos sentís que en la educación se notó el salto de tecnología?

- Con toda crudeza, en la pandemia. Mucho antes los chicos empezaban con el correo electrónico y páginas web, pero no era común en el salón de clases. Los celulares no tenían toda la tecnología que tiene ahora. No estoy en contra de la tecnificación, al contrario, me encantan. Pero hay que saber cómo manejar eso en el aula, porque no podes controlar lo que tus alumnos miran en el celular. Faltan cambios radicales en cuanto a este sistema de conectividad. El docente hace lo que puede.

- ¿Se lo apoyo al docente para manejar esta tecnología?

- Yo recuerdo que en una oportunidad tuve un problema con mi celular, y mi hijo mayor me dijo que le pida ayuda a mis alumnos. Eso hice y me dieron la solución. Nos sentamos en la biblioteca y me explicaron cosas. Las resuelven con una facilidad para la que uno no está preparado. Me acuerdo cuando mis padres me regalaron el Winco casete, y mi papá no entendía cómo manejar. Ahora haciendo una visión retrospectiva me doy cuenta que me pasa lo mismo. Hay que aggiornarse y no tenerle miedo. Yo lo perdí gracias a mis hijos. 

Ayer escuché a un especialista en educación y dijo algo con lo que estoy totalmente de acuerdo: la escuela no tiene que ser tan estática. Es bueno hacer preguntas y obtener respuestas, pero también hay que dar la opción de que puedan leer e interpretar. No sólo memorizar, sino resolver. Se les complica más un examen a carpeta abierta que estudiar de memoria. Lo complicado es pensar, razonar y escribir.

Una de las consecuencias nefastas de la pandemia es la falta de lecto-escritura. Cuando volvimos al aula les exigí escribir todo, y fue conflictivo.  Muchos chicos tenían dificultad en la escritura a causa de la pandemia.

- Viviste el paso de la dictadura y la vuelta a la democracia. Como estudiante y docente, ¿cómo ves hoy a la Argentina en el sentido de en qué aspectos no se han cubierto las expectativas?

- Primero y fundamental, hemos perdido la capacidad de empatía. No soportamos que alguien piense diferente. Es lo más duro y cruel que nos puede pasar. Perdimos el respeto al pensamiento del otro. La grosería también es una de las cosas que ha avanzado demasiado para mi gusto. Las cosas se pueden decir de otra manera. Se acusa muy fácil. Otra cosa es que hay que aceptar al otro como es, y cuesta mucho como sociedad.

- La sociedad es un reflejo de los que tienen la mayor responsabilidad, quienes conducen el país. Evidentemente no se ha sabido buscar el rumbo del consenso y la unión.

- En vez de cerrar la grieta, cada vez es más amplia y profunda. Lo veo en muchos casos. A raíz de mi profesión, también soy investigadora. Tengo varias publicaciones fuera del país y he participado en más de doce congresos internacionales. Cuando en algunos lugares donde hablo del trabajo de investigación que estoy haciendo del mundo musulmán, a mucha gente no le gusta. Hay gente buena y mala en todos lados. Tengo una formación familiar distinta al común, donde la diversidad era constante. Recuerdo las fiestas donde mis padres invitaban a amigos a pasarlas en casa, y en esa mesa había judíos, musulmanes, ortodoxos.

- Si tuvieras que recordar algunos alumnos destacados…

- Mariano Schroh, porque fue de la promoción más brava que tuve y con la que me llevo mejor actualmente. Ningún otro docente quería despedirlos, y me tocó a mí. Mi discurso fue tan tajante que algunos padres se fueron ofendidos. Tengo la satisfacción de tener muchos alumnos que hoy son exitosos.