Micro Histórico: Antonio Bagué, un creador de dos obras importantes

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En la década del ’30 llegó el artista plástico Antonio Bagué a Coronel Suárez, apoyado por la tradicional familia suarense Amadeo y Videla. Permaneció muchos años entre nosotros y recuerdo dos de sus lugares de residencia, primero una antigua casona de calle Sarmiento y Las Heras, curiosamente construida en diagonal, en medio de una arboleda y dando su frente a la referida esquina, lugar donde Carlos de Lusarreta (h) levantó posteriormente su residencia de dos plantas y que actualmente pertenece a la familia Travería. Allí instaló su atelier y dictaba clases de dibujo y pintura, que contaban con el auspicio municipal. Años más tarde lo ubicó en calle Sarmiento, a mitad de cuadra, frente a la Plaza San Martín, donde instaló su estudio fotográfico al que debió apelar para poder vivir, ya que su arte, con ser sumamente valioso en términos artísticos, no le brindaba los ingresos necesarios para solventar los gastos de una familia.

Don Antonio tenía una hija, Itatí, que crió con tanto cariño y sacrificio, a quien tuvo siempre a su lado y le transmitió sus conocimientos en el arte pictórico que ésta volcó pintando flores. El 14 de junio de 1962, Itatí, una joven y promisoria artista plástica concurrió invitada por la Dirección de Cultura Municipal a realizar una exposición de sus cuadros, que se llevó a cabo en la Galería Príncipe, frente al Cine Italia. En un reportaje que le hiciera El Imparcial y que fuera publicado el 22 de junio de 1962, Itatí Bagué, dijo sentirse orgullosa de haber nacido en Coronel Suárez y de ser hija de un artista talentoso como su padre, a quien le atribuyó sus dones para la pintura, acotando que “mi infancia, como toda mi vida, se desarrolló en el ambiente de su atelier”.

Y agregó que “era natural pues, que, dentro de ese ambiente, desde muy niña, aprendía a pintar y a enamorarme de la magia de los colores”. Recordó que la primera exposición de cuadros la efectuó en Bahía Blanca, en 1955. Se manifestó gratificada por el éxito de su exposición, por la gente que concurrió y las felicitaciones por su obra a la que califica como ‘modesta’.

Concluyó expresando que “me voy de aquí emocionada. Soy suarense de nacimiento y bahiense por adopción. Así que mi corazón ha quedado dividido en estas dos ciudades que tanto quiero y que tanto me han estimulado”.

Poco tiempo después Itatí Bagué se casó con el prefecto principal Bode, de la Prefectura Naval Argentina, al lado del cual tuvo diversos lugares de residencia en el país.

 

Otros detalles de la vida y obra de Bagué

Antes de recalar en la Argentina, Bagué permaneció seis años en Montevideo donde, apoyado en la sólida preparación recibida en la Academia de Barcelona, se dedicó al modelado. Por entonces frecuentó a artistas de la talla de Zorrilla de San Martín (padre de la actriz China Zorrilla) y Falco, y se vinculó con escritores y poetas. Lo propio hizo, más adelante, durante su breve permanencia en Buenos Aires.

Pero a pesar de todos los avatares que la vida le produjo, especialmente en las dos décadas que estuvo en Coronel Suárez, la llama artística de su fogoso temperamento se mantuvo siempre viva.

Y los suarenses tenemos el legado de su talento a través de dos obras escultóricas monumentales, cuyos valores estéticos y ornamentales no es necesario ponderar, porque está allí, como mudo testigo de ese escultor notable, que no fue reconocido por esta comunidad en su momento, en su verdadera dimensión.

Bagué se fue a Bahía Blanca en el año 1951, pero dejándonos el Mástil Patrio y el Cristo Redentor, además del busto a Santiago Ramón y Cajal, existente en los jardines del Hospital Municipal, sobre calle Garibaldi; también el busto de Felisa I. de Alberdi, que está en el Parque del Centro Blanco y Negro que lleva su nombre y el Calvario que está en el exterior de la Iglesia de Pueblo San José, en la entrada, a la derecha, conjunto escultórico compuesto por el Cristo crucificado, de dos metros de alto, en el que representa los últimos momentos del redentor en la cruz, en la base del cual están las imágenes del apóstol Juan, María y María Magdalena. Asimismo existen en la ciudad innumerables pinturas que aún atesoran en sus domicilios muchos suarenses. ¿Qué más le podíamos pedir a este hombre que captó en sus lienzos muchos de sus paisajes a los cuales embellecía con sus enfoques artísticos?

Arquitecto, escultor, pintor, don Antonio Bagué que en octubre de 1991 hubiera cumplido cien años de edad, pintó incansablemente. Caminó las extensiones patagónicas con la mirada puesta en cada detalle, se dejó ganar por aquellas inmensidades con montañas coronadas de nieve, de cielos de azules intensos y fresca vegetación.

Sus telas del Sur patagónico son un admirable testimonio de sus periplos, aprehendiendo sus paisajes y luego volcándolos a sus cuadros. Glaciares imponentes, arroyos de aguas claras, árboles gigantescos, frondosos algunos, otros con las ramas desnudas y retorcidas como brazos alzados pidiendo clemencia, crecieron en sus telas, diversos y sin embargo comunes en apacibles armonía. Cielos con matices impresionistas crearon la atmósfera cambiante y bellísima de la extensión patagónica. Era hombre de gran riqueza expresiva, aquel catalán que como todos los de su raza era tozudo, hablaba con enérgico tono de voz e inconfundible acento catalán y decía las cosas claramente y sin ambages.

Aquí, en esta breve reseña, se lo recuerda así en homenaje a sus obras creadoras, habiéndose destacado además de las mencionadas, el Calvario realizado en serranías de Tornquist, donde en sus esculturas también lució su talento artístico. Otra de sus obras importantes fue un Cristo Redentor que realizó en Bolívar, monumento emplazado en una isla, distante pocas cuadras del centro de esa ciudad, de la cual regresó con antelación al 29 de noviembre de 1936 a Coronel Suárez para asistir a la inauguración del Cristo Redentor de su autoría.

Como homenaje a su profuso legado artístico, el Concejo Deliberante de Coronel Suárez le puso su nombre a una de las calles de la ciudad, siendo realmente muy merecido.