Micro Histórico - ‘El Mástil’, una esquina que siempre estuvo al servicio de los vecinos

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Año tras año, al momento de tener que hacer la producción de este suplemento, que servirá para instruir a las generaciones futuras sobre cómo fue evolucionando el ‘pago chico’, nos encontramos con hechos por demás sorprendentes y revisando en fotografías las diferentes esquinas de la ciudad podremos apreciar el paso del tiempo y el espíritu emprendedor de nuestra gente.

Una de esas esquinas es, sin lugar a dudas, la que está ubicada en el extremo norte del Mástil Patrio, en donde hoy está emplazada una estación de servicio de lujo, como Coronel Suárez se merece. Pero hace 80 años, el diario de la época, por supuesto que hablamos de ‘El Imparcial’, en una edición extraordinaria muy parecida a ésta, de ciento treinta y dos páginas, hacía el mismo comentario que nosotros e incluso sobre la misma esquina.

Sin dudarlo, opinamos que esta casualidad debería estar en este ejemplar.

Comenzaba 1938, el número extraordinario está fechado el 1º de enero de ese año, y el cronista publicaba que “nos es grato destacar en esta edición a los hombres que con su esfuerzo tesonero, sin más apoyo que la honestidad comercial y el desarrollo de sus músculos en las lides del trabajo, van abriéndose brechas en el camino del progreso, seguro de la conquista del porvenir”.

“Una de esas empresas es la que integran los señores Juan Beccaccini y Domingo Guarnieri”, expresaba el periodista, quien añadía que “instalados hace algunos años con un modesto taller mecánico en la calle Lavalle, en las proximidades del Hotel Oberlín, muy pronto llegaron a captar la simpatía de una numerosa clientela, que los estimuló con su distinción, buscando entonces más amplios horizontes, teniendo fe absoluta en el adelanto de Coronel Suárez”.

Indica la crónica que “fue así que, contra la opinión de los timoratos, decidieron un día levantar una moderna estación de servicio que estuviera a la altura de las ciudades más progresistas. Y lo lograron. Para ello eligieron un lugar que constituye otro motivo de progreso: frente al mástil que se yergue como un signo de pujanza apuntalando el progreso de nuestra ciudad”.

“La estación ‘El Mástil’, como se la denominó, cuenta con todas las comodidades que pueda pedir el automovilista más exigente. El taller mecánico, atendido diligentemente y con toda corrección por sus propios dueños, llena en la población una sentida necesidad; lo mismo la estación de lavadero  y engrase, como la venta de nafta y aceites”, se deslizó en el suplemento.

Por último, el periodista acota que “automovilista que visita una vez la estación ‘El Mástil’, difícilmente deje de hacerse cliente. Para ello, sus propietarios, hombre jóvenes y que no le temen al trabajo, se prodigan en atenciones que se complementan con su idoneidad en el ramo que explotan”.

De hecho, este artículo bien podría haberse escrito para la actualidad, ya que la reciente modernización que ha sufrido esta esquina es producto del empuje y las ganas de trabajar de otro joven empresario suarenses, Antonio Miquelarena, quienes como aquellos dos hace ochenta años apostó por una ciudad pujante y progresista, por eso quiere darle esa imagen a una de las esquinas más promocionadas de Coronel Suárez.

En el medio hubo otros propietarios de la estación de servicio, pero el objetivo de esta nota periodística no es historiar el comercio sino resaltar que la ciudad siempre tuvo un espíritu de crecimiento e inversión entre su gente. Y seguirá siendo así.