Micro Histórico: Enrique Betnaza, un adelantado a su tiempo

Micro Histórico: Enrique Betnaza, un adelantado a su tiempo
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Además de haber dado electricidad a la ciudad, introdujo el primer automóvil y la primera radio. Fue director de un periódico y propietario de una revista. Un hombre quizás olvidado en la historia, que hizo mucho más que otros notables vecinos de Coronel Suárez y que son más recordados por portar un apellido importante

El paso del tiempo suele opacar la trayectoria de una persona, más aún cuando su apellido no se perpetuó en la historia lugareña. Esta es la realidad de don Enrique Betnaza, un hombre que marcó el ritmo de crecimiento de la ciudad de Coronel Suárez en la primera mitad del siglo pasado, cuando todo estaba por hacerse y era necesaria la presencia de personas con inteligencia, honradez, capacitadas y por sobre todas las cosas, con ganas de trabajar y progresar.

Esa es, realmente, la semblanza de este personaje, de don Enrique Betnaza, el hombre que invirtió todo su capital para dar energía eléctrica a Coronel Suárez, allá por 1906, al formar parte de la Compañía de Electricidad de la ciudad, que integraban cien inversionistas y que luego, por derecha, como corresponde, queda en manos de éste hombre, a quien un movimiento político, ligado al cooperativismo, lo deja sin su empresa.

En el Coronel Suárez de hoy vive un solo descendiente, Enrique Daverio, nieto de aquel visionario, que sobre la principal obra de Betnaza relató que “la usina, en sus inicios, tuvo motores italianos que se alimentaban con un gas pobre y que ser caracterizaban por su ineficiencia. Fue mi abuelo quien realizó las inversiones necesarias para que el sistema funcionara, invirtió trayendo los motores Otto Deutz, alemanes, y recuerdo que había dos uno chico y otro grande”.

En la conversación fue inevitable caer en la decadencia que sufrió la empresa de Betnaza, surgiendo de inmediato un famoso sabotaje que se produjo en la sala de máquinas. “Por tradición familiar, supe que hubo un problema importante con el motor Deutz grande, en el sistema de las aceiteras, las cuales por el inconveniente gastaban más lubricante que lo normal. El sabotaje, precisamente, se produjo allí, ya que los empleados del momento aceleraron el problema... lo dejaron sin aceite y ocurrió lo inevitable, se quebró el eje cigüeñal”, dijo Daverio.

Pero, don Enrique Betnaza  no dejó al pueblo sin luz, alquilo tractores de campaña, los que se utilizaban aquellos años en las labores agrícolas, los puso en fila y mantuvo la energía eléctrica para toda la ciudad. Esto desnuda a este personaje, su responsabilidad lo obligaba a hacer algo y no dejar a todo el pueblo sin el servicio del que él, como empresario, era responsable.

La rotura fue muy importante, a tal punto que la solución estaba en Europa, en Alemania. No obstante, Betnaza no se quedó inmóvil y en tan solo cinco días junto el dinero necesario –13.500 dólares-, se comunicó con los fabricantes y encargó el repuesto.

Desde Alemania se embarcó ese repuesto y tras 25 días de viaje en barco arribó al puerto de la ciudad de Buenos Aires, pero nunca fue retirado de la aduana. “Días previos, eclosionó ese movimiento cooperativista que encabezó don Manuel Palenzona y se produjo la intervención de la usina, que fue más que eso... porque como familia se interpretó como una expropiación”, dijo Enrique Daverio, nieto del protagonista de esta nota periodística.

Daverio informó que hubo un juicio, que llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, desde donde se obtuvo un fallo favorable para la familia de don Enrique Betnaza, quien falleció, sumido en una profunda depresión, a pocos años de perder la usina; específicamente, en el ’43.

Comentó Daverio que “lo que se hizo fue un juicio de expropiación a la inversa, para recuperar la usina y si bien pudo existir la posibilidad de hacerse nuevamente de la empresa, convino que pasase a ser municipal y seguir el juicio” y agregó que “se hubiera podido acomodar las cosas, todo estaba bien, pero por la situación política era mucho más conveniente realizar la expropiación a la inversa”.

“El primer fallo fue en contra, pero se apeló. Ahora, entre el momento del fallo favorable para la familia de la Corte y la liquidación de la empresa hubo un lapso de tiempo en años importante, con una inflación terrible que deterioró el capital en no menos de 15 veces, y sin ajuste, porque no lo previó la Justicia y lo que se terminó cobrando, en dólares,  equivalía sólo al valor de los medidores de Coronel Suárez, sin contar ninguna otra cuestión; es decir, se perdieron todos los bienes inmuebles, los motores, el cableado... de eso no se recibió ni un solo peso”, enfatizó Daverio, quien añadió que “fueron unos 600 mil pesos, que no alcanzó para nada, a dinero de hoy un auto 0Km y medio”.

 

La vida de don Enrique

Don Enrique Betnaza había invertido todo un campo en la usina eléctrica, el de su esposa, Petrona Sixta Techera de Betnaza, quien murió muy joven, apenas tenía 22 años y es una historia en sí misma, al igual que la de su familia, quizás los verdaderos primeros habitantes que tuvo esta región de la Provincia de Buenos Aires.

Era hija de don Candido Techera, un uruguayo descendiente de portugueses y criollos, quien además de Petrona Sixta tuvo otros cuatro hijos: José Cándido, que fue intendente de Coronel Suárez, en la década del ’30- Claudio, Faustino y María Elena Techera de Arruabarena, siendo ésta la mayor.

Enrique Betnaza se casó con Petrona Sixta Techera y tuvo dos hijas, María Enriqueta Betnaza, la poetisa, que nació el 8 de mayo de 1906 y quien luego resultara madre de Enrique Daverio, Petrona Alcira Betnaza, quien nació un primero de septiembre de1907. Dos años más tarde, en 1909, vuelve a quedar embarazada, pero esta vez pierde a su hijo y fallece, fue después de un viaje que realizó a Buenos Aires en tren desde Coronel Suárez.

Fue en El Huascar, propiedad de la Familia Techera, que don Enrique Betnaza toma contacto con la energía eléctrica, ya que se había instalado en la estancia un sistema ideado por alemanes, construyendo una represa sobre el arroyo, con un canal derivador al costado, cuyo líquido terminaba cayendo en una turbina termoeléctrica que su función era generar energía. Así fue que una estancia, en Coronel Suárez, en el medio de la Pampa Húmeda, tenía energía eléctrica.

Daverío comentó que “en realidad, la energía no era sólo por el placer de estar iluminados por la noche, sino que Techera pensó en industrializar la lana y es por ello que el galpón que se dedicaba a la esquila disponía de luz eléctrica, con doce bajadas de peines por lado. En algún momento se llegaron a tener 25 mil lanares en la estancia y la luz eléctrica era para trabajar”.

Se acotó en la entrevista que “la usina de Puerto Nuevo en Buenos Aires fue la primera que generó energía con gas pobre, con mecheros, instalada por los mismos técnicos alemanes que trabajaron en El Huascar y es muy probable que gran parte del centro porteño no tuviera aún luz cuando ya Betnaza leía el periódico de noche con luz artificial”.

Betnaza era uno de los hijos de un inmigrante mayorquí, Antonio Betnaza y de Enriqueta Hanley Schmidt, una mujer de origen ingles que se había radicado con su familia en la zona de Monte; también tenían campo en Cañuelas, en donde había una pequeña colonia inglesa, que quedó de la época de las invasiones. Recordó Daverio que el padre de su abuela, Enrique Hanley, había muerto de insolación, arriando ovejas desde Cañuelas al puerto de Buenos Aires”.

Enrique tuvo tres hermanos, Ana Jacinta Betnaza, con quien vivió junto a sus hijas después de haber fallecido su esposa, Lucio –que murió en la primera guerra mundial- y José. Su hogar en la ciudad fue la vivienda que hoy ocupa el Correo, allí este progresista hombre de Coronel Suárez había dispuesto una verdadera curiosidad: construyó un garage con plataforma circular eléctrica, para dar vuelta el auto adentro y salir de frente, ya que fue el primer suarense en tener un automóvil y la primera radio. Un verdadero creador y hombre de progreso.

 

Su economía

Don Enrique Betnaza junto a Aybar Sobrecasas, fueron los primeros organizadores de los remates ferias en el pueblo. El 6 de enero de 1906 debutaban con la firma Castellar, luego vendrían muchas más, siendo una actividad muy rentable en la región por aquellos años.

Daverio comentó que “su profesión fue la de rematador y su actividad económica más importante era ser martillero, después de aquella primera supo tener durante muchos años una feria con Laso, con quien además exportaban toros”.

 

La política

Podría definirse a don Enrique Betnaza como el primer pragmático que tuvo el distrito, en cuanto a la política, porque comenzó como dirigente socialista, sólo cabe recordar su pasado como director del periódico partidario Democracia y terminó, al sentirse traicionado por mucho de sus compañeros de ruta, como conservador... pero un conservador muy especial.

Daverio resaltó que Betnaza “tuvo grandes resistencias de algún sector al que le quedaron acciones de la Compañía de Electricidad y que fueron los que provocaron la intervención” y reflexionó que “el peso de la política lugareña era muy importante, aunque en aquella época el gobierno municipal era ‘cartón pintado’, porque pesaba más el caudillo de la sección electoral que quien gobernaba, y los Techeras eran muy fuerte en su zona, influencia que heredó Enrique Betnaza y desde esa situación dominó toda una gran parte del distrito”.

“A mi abuelo lo visten con un tinte conservador que no vi nunca. Era muy generoso con sus empleados, hizo promoción humana, cuando alguien servía le daba posibilidad de crecimiento, lo cual no era normal en esa época”, dijo Daverio para reflexionar finalmente que “era un conservado con sentido social, un enloquecido por el progreso, no era un terrateniente explotador”.

 

El periodismo y las letras

Quienes conocieron a don Enrique Betnaza han manifestado que era un hombre que siempre hablaba con una poesía muy particular, la cual heredó sin lugar a dudas su hija, María Enriqueta.

Pero la avidez de este hombre por la escritura se remonta al año 1903, cuando un incipiente pero siempre batallador partido político funda en nuestro medio el periódico “Democracia”; se trataba del Partido Socialista y que depositó en don Enrique Betnaza la dirección de ese medio de comunicación, de ideas fundamentalmente en esa época.

Sobre Betnaza se tejieron innumerables anécdotas vinculadas al periodismo, una de ella recuerda que cuando se funda el periódico ‘Democracia’, éste lleva una fisonomía que le daría una importante personalidad dentro del medio. Don Enrique se preocupaba de que hubiera en su periódico secciones y notas para todas las clases sociales. Así era que las mismas tanto eran escritas en alemán, como en idisch o en inglés. Por aquellos años, se hizo muy popular una anécdota en la que don Enrique demostró todo su ingenio: ‘un día que el tiempo apremiaba y faltaba aún toda una página completa para componer el diario y no contando con tiempo material para hacerlo, don Enrique tuvo una humorada.

“Vea, le dijo al tipógrafo, componga esta cuarteta y póngala en el mismo centro de la página”. Dicha cuarteta que debía aparecer como único texto de aquella página entera, decía: ‘Queriendo satisfacer, a las gentes sencillas, va en blanco esta carilla... para los que no saben leer’.

Esa fue una de las tantas humoradas del recordado criollo don Enrique Betnaza, fiura sumamente popular en el Coronel Suárez, que él supo caminar por sus calles, con su infaltable y costoso poncho rojo sobre sus hombros.

Además, fue un amante incondicional de las cosas gauchescas y muy proclive a escribir muy buenos versos. En la década del ’20, nace en la ciudad la primera revista, se llamó ‘Sarmiento’ y era dirigida por don Jacinta Lemos. A raíz de eso, don Enrique funda otra ‘Pipiolito’. Sus escritos eran totalmente humorísticos y nuestra ciudad pudo así apreciar la notable chispa de don Betnaza.