Micro Histórico: La Asociación Española y sus 125 años de historia

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El 2 de diciembre de 1894 nacía una institución que aglutinaba a los vecinos de origen español, que habían hecho de Coronel Suárez su ‘patria chica’. Fue ese día cuando la colectividad hispana, que ya era numerosa, tuvo la feliz iniciativa de fundar lo que se denominó en su origen Sociedad Española de Socorros Mutuos, hoy Asociación. Era la segunda entidad que una colectividad de inmigrantes constituía en nuestra ciudad, ya que por feliz coincidencia, veinte días antes se había fundado la Sociedad Italiana.

Entre otras coincidencias, ambas tenían la de denominarse de Socorros Mutuos, ya que ésa era una de las finalidades básicas de esas nuevas entidades, destinadas a facilitar la asistencia médica y hospitalaria de los enfermos, merced a una acción solidaria.

Antes de un año de haberse fundado la Sociedad Española, el 25 de julio de 1895, para ser más preciso, obtenía la personería jurídica, lo cual fue un acierto de la primera comisión directiva.

Los fines de ayuda mutua que la entidad cumplía, cada vez más perfeccionada, fue atrayendo mayor número de asociados, como consecuencia del reconocimiento del beneficio que otorgaba. Los años pasaron y ya en las últimas décadas, esa necesidad se fue diluyendo a partir del funcionamiento de las obras sociales.

La presencia española caló hondo en Coronel Suárez, ya que por nuestros orígenes y pertenencia, en la cultura y especialmente en el idioma, los lugareños nos sentimos plenamente identificados con aquellos que llegaron de la madre patria para consolidar o fundar aquí sus familias, labrándose un porvenir.

Costumbres, laboriosidad, religión y moral, conformaron un arquetipo que han hecho de los hispanos y sus descendientes, modelos en base a los cuales se plasmó la colectividad integrada, activa y señera.

Precisamente, fueron españoles a fines del siglo XIX, quienes con visión social y entendiendo que en la solidaridad estaba su fortaleza, quienes decidieron fundar la Asociación Española de Socorros Mutuos.

Quienes cimentaron esa institución no escatimaron esfuerzos para cumplir con la finalidad de la asistencia social, en primera instancia, cubriendo una sentida necesidad de la época y trabajando en forma paralela para construir su propia sede social, que además de incorporar a la ciudad un centro cultural, como fue desde su albores el entonces denominado Teatro Español, que más tarde, reconstruido tras un devastador incendio, fue bautizado como Cine Teatro Cervantes, realizó un lucido aporte al paisaje urbanístico. En su planta funcionó desde 1931 el Casino Español, una entidad independiente de la propietaria del inmueble, que exhibe en su trayectoria haber sido en diversas ocasiones en su amplio y sobrio salón, durante muchos años, escenario de fiestas sociales de relevancia, especialmente aquellos, para algunas generaciones ‘inolvidables’, bailes de Carnaval, que durante mucho tiempo se constituyeron en atractivos acontecimientos sociales.

Como toda institución, la Sociedad Española de Socorros Mutuos ha tenido avatares en tan prolongada y fructífera existencia, preocupándose sus autoridades en adaptarla a las nuevas circunstancias.

 

Primeras autoridades y las del Centenario

Desde el momento inicial e ininterrumpidamente, hasta nuestros días, fue aspiración colectiva en el seno de sus autoridades, siguiendo la orientación de la primera comisión, la ardua tarea de encaminar la flamante entidad. Y a ello se dieron con todo entusiasmo don Nicanor Ortiz, como presidente, acompañado por los miembros Victoriano Alonso Gómez, vicepresidente; Juan Borau, secretario; Miguel Ángel Echaniz, tesorero y fueron vocales: Francisco Biurrarena, Andrés Vásquez, Francisco Fuentes, Vicente Varela y Celestino Lacabe, quienes constituyeron la primera comisión.

Al celebrarse el centenario, la comisión directiva la integraban: Emilio Calvo, como presidente; Néstor Broto, secretario; Alberto Rodríguez, tesorero y eran vocales: Luis López y Eustaquio Lázaro, mientras que los suplentes fueron Raúl Broto y Emilio Figueroa; el secretario administrativo era Alfonso Paleo y la junta fiscalizadora la integraban los vecinos Mario Malaret, Norberto Rodríguez y Carlos Dos Santos, mientras que oficiaban de miembros suplentes Amadeo Garate y Néstor Aller.

Como corolario de aquellas primeras voluntades, a las cuales se han ido sumando en el correr del tiempo los esfuerzos de otros dirigentes, la Asociación Española es un motivo de hondo y legítimo orgullo para Coronel Suárez.

 

Teatro y sede frente a la plaza central, incendio y reconstrucción

También en el seno de la institución, sus dirigentes coincidieron en la idea de tener una sede social con proyecciones hacia la comunidad y en pleno centro, nada menos que frente a la Plaza San Martín, donde erigieron un edificio imponente para aquellos tiempos, que en un principio fue el Cine Teatro Español, con amplia capacidad y adecuadas instalaciones para diversos actos culturales.

Distintas etapas, algunas con esplendor, otras de situaciones críticas, jalonan la historia del edificio construido por la Sociedad Española. La primera como Cine Teatro Español, con exhibiciones que fueron desde películas del cine mudo, hasta las que iban reflejando los avances en la industria del ‘séptimo arte’. Sobre el hall de entrada de la primera época, estaba instalada una confitería y bar concesionado a Francisco Bedouret, mientras en la sala (a la que se accedía por un pasillo y un hall interior) se proyectaba cine o se presentaban piezas teatrales o espectáculos musicales.

La concesión de la confitería la obtuvo luego otro empresario, don Bernardo Buceta, asociado con un señor de apellido Bernabé, quien llegó a contratar una orquesta de señoritas que realizó diversas presentaciones.

En una fecha no precisada de 1930, un incendio, que al parecer comenzó en la parte de adelante, donde estaba la confitería que en esos entonces regenteaba Bernardo Buceta, destruyó totalmente el edificio del Cine Teatro Español, ubicado en Mitre 1160.

Además de ser uno de los polos de atracción en la época de oro que el cine tuvo hasta no hace muchos años, con funciones a sala llena, especialmente los días feriados o en vísperas de los mismos, en lo teatral tuvo presentaciones de realce, como la compañía española de Mercedes Prendes, que había contratado la empresa de don Carmelo Antonelli (empresario que había llegado con su familia de Macachín, La Pampa), en la década del ’50.

 

Toma de posesión del predio social

La celeridad con que la Asociación Española de S. M. asumió sus responsabilidades y el deseo de afirmarse en la comunidad para la mejor atención de la creciente masa societaria integrada desde entonces, paulatinamente, por los familiares de los mismos, ya argentinos, pero como sus mayores se honraban de integrar la Sociedad.

La comisión directiva en su reunión del 5 de julio de 1896 resolvió ‘tomar posesión’ (no se habló de compra) del céntrico terreno ubicado frente a la ‘plaza principal’ (aún no se le había impuesto el nombre de Plaza San Martín) y simultáneamente se solicitó al hornero Francisco Biurrarena, que llevara al lugar cinco mil ladrillos para cercar el predio elegido.

Como la resolución de ‘tomar posesión’ del céntrico terreno sin que mediara previamente su compra no parecía preocupar a la comisión directiva, el miembro Gregorio Subiza objetó ‘si la medida no suscitaría dificultades futuras’.

Lo cierto es que la Sociedad no tuvo dificultades mayores en sus propósitos y el predio ‘posesionado’ es el que actualmente sigue ocupando y en el que levantaría, años más tarde, su sede social y cine-teatro. Pero la dirigencia de esos primeros años, actuó con responsabilidad, ya que además de haber tomado posesión del céntrico inmueble, concretó los trámites para la escrituración de lo que era terreno del Fisco de la Provincia en 1900, siendo la escritura realizada por el escribano Lorenzo Olsina, mientras que en 1906 hizo lo propio con otra parcela aledaña propiedad de Clemente Gil, resultando en total el predio cuya propiedad acredita en instrumento público, de 18 metros de frente por 57 de fondo, contando una superficie cubierta de 1052 metros cuadrados, incluyendo la edificación del Casino Español en planta alta.

En busca de otros antecedentes, se puede encontrar en el Álbum de 1910, al referirse a la Sociedad Española, la foto del primer edificio levantado en calle Bartolomé Mitre 1160 (y contiguo parte del frene del inmueble donde funcionara la librería La Sirena, hacia calle Sarmiento).

Decía aquel Álbum que “de todas las colectividades locales, es ésta la asociación que cuenta con mayor número de socios y que con mayor amplitud practican el socorro mutuo. Con un fuerte tono de reserva, a lo que se agrega la vinculación social y pecuniaria de muchos de sus asociados, es la Sociedad Española un factor importante del progreso de Coronel Suárez”.

 

Efectiva ayuda mutua

De la Revista del Centenario, que publicó en 1994 la Asociación Española, se pueden extraer algunos aspectos interesantes de su historia, siendo la acción positiva de la ayuda mutual, que fue su inicial razón de ser, digna de recordarse en esta reseña.

En la segunda reunión que efectuara la comisión directiva, el 10 de marzo de 1895, fue comisionado el señor Victoriano Alonso Gómez “para que trate con el médico de la localidad Bartolomé Vernetti, el servicio profesional de los socios”. La gestión de Alonso Gómez fue exitosa y el Dr. Vernetti aceptó, estableciendo la siguiente remuneración: cobraría 20 pesos por los primeros 50 socios que atendiera y dos pesos más por cada diez socios que excedieran esa suma.

Asimismo, en abril de 1896 se resuelve asignar una pensión vitalicia mensual de 100 pesos, a la Sociedad de Beneficencia del Hospital Español de Buenos Aires, estableciéndose desde entonces una relación directa que beneficiaría, en muchísimos casos, a los socios suarenses.

De tal manera, la obra médico hospitalaria de la Asociación Española era sumamente apreciada por los asociados, ya que entonces no existía la cobertura que se implantaría décadas más tarde, de múltiples formas, para atender a la salud d la población.

La demanda de los asociados por estos servicios hizo que la entidad resolviera aumentar la cuota de un peso a 1.50 pesos, a los efectos de cubrir sin sobresaltos los honorarios médicos y los medicamentos que se suministraban.

Como la cuestión de abastecimiento de los remedios era un aspecto comercial interesante, el farmacéutico Félix Calzada ofrece sus servicios a la Sociedad, haciéndole un descuento del 35%, un beneficio apreciable que fue aceptado.