Micro Histórico: Los Alberdi, un apellido con historia en Coronel Suárez

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El apellido Alberdi está entroncado con la historia de Coronel Suárez desde sus albores, o antes aún, pues ya cuando el paraje era conocido por Sauce Corto algunas familias de ese origen habían comenzado a afincarse por estos lugares. Es así que Alejo Lázaro, Francisco Ignacio, Braulio Francisco, José Cipriano y Juan José Alberdi, cinco hermanos, hijos de de Domingo Alberdi y de doña Isidora de Cortázar, por el año 1860 arribaron a la Argentina, que se afincaron en Magdalena, provincia de Buenos Aires, desde Guipúzcoa, buscando un nuevo camino para desarrollarse.

En este programa nos ocuparemos de la descendencia de Braulio Francisco Alberdi, quien a diferencia de sus hermanos eligió quedarse en el incipiente Coronel Suárez y que mejor para definir a esta familia que utilizar una frase que dejó uno de sus descendientes, Horacio Araya, en el reencuentro familiar que se realizara el 24 de febrero de 2001, en la Sociedad Rural de Coronel Suárez, donde delante de 1.107 familiares afirmó que “siempre que hubo algo para hacer, hubo un Alberdi, que sin preguntar, sin esperar que nadie lo agradeciera; había que hacerlo y se hizo”.

Hace algunos años, entrevisté a don Adolfo Alberdi, bisnieto de Braulio Francisco Alberdi, fue y es un hombre que respondió cabalmente a aquella frase, lo que tuvo que hacer… lo hizo.

El inicio de la conversación fue como debía ser, con acotaciones sobre el pasado y aquello que identifica a las personas que han vivido, cuando de la galera extrae que todo lo pasado fue mejor.

“La historia de los Alberdi en esta zona bonaerense se inicia, aproximadamente, en 1880, cuando llega mi bisabuelo y con él mi abuelo, quien tenía tan solo 10 años, pero arribaron a ‘La Gama’, hoy General La Madrid, y en este lugar le prestaron un caballo para llegar a los campos de la familia, que ya estaba instalada en la zona, en este lugar… que era el paraje ‘Sauce Corto’. No era un pueblo, sólo estaba el almacén de Cleto Santamarina, que estaba ubicado en la esquina que forman las avenidas Alsina y Casey”.

De aquellos cinco hermanos que llegaron a Magdalena, fue Braulio Francisco Alberdi, ‘Pancho’, vasco él, quien se instala en esta zona. Previamente, con sus otros cuatro hermanos, empezaron a trabajar en unos campos propiedad de una familia de apellido Thompson. Tenían lanares a porcentaje, uno ponía el campo y la otra parte el lanar, dividiéndose las ganancias a porcentaje. Ese fue el inicio.

“Tenía tropas de carretas y así llegaron a estos parajes, transportando materiales de construcción para el ferrocarril”, comentó el bisnieto de aquel inmigrante vasco, don Adolfo Alberdi, quien añadió que “la economía de mi bisabuelo no llegó a comprenderla, ni como hicieron dinero, pero lo cierto es que compraron campo en esta zona”.

Comentó, además, que “tengo los libros de contabilidad de mi bisabuelo, manuscritos, y ahí va relatando quien le va prestando el dinero para pagar las tierras. Existe una creencia que a los primeros pobladores que llegaron el Gobierno les daba las tierras y no es así, había tierras en concesión, como es el caso ‘La Curamalán’, que perteneció a la Concesión de Plaza Montero y después pasa a manos de Eduardo Casey, quien se fundió fundando pueblos… lo cual es historia ya conocida, pero la realidad es que los inmigrantes compraban las tierras, aunque con muchas facilidades”.

“Mi bisabuelo vino de Magdalena con ovejas propias y los campos los pagó con dinero, así es como figura en los libros de contabilidad”, afirmo don Adolfo Alberdi, añadiendo que “las tierras que compraron ya tenían propietario, eran posteriores a la primera población, por eso digo que mi bisabuelo compró las tierras y según el libro de contabilidad, le pagaba a una persona de apellido Curtó, pero no se muy bien si era el propietario o simplemente un testaferro”.

Destacó que “generalmente, aquellos primeros pobladores, entre los que estaban los Alberdi, eran personas de poco estudio, fueron inteligentes para el trabajo y lo han demostrado, pero no venían con estudio de España, en donde apenas cursaban el primario”.

 

La bisabuela fue Felisa Igartúa de Alberdi

De la conversación con Adolfo Alberdi, se desprendió que “Braulio Francisco Alberdi, ‘Pancho’, llega casado a Sauce Corto con doña Felisa Igartúa; incluso mi abuelo es nacido en Magdalena, tenía diez años cuando llegó a esta zona… quizás alguno pudo haber nacido acá”.

‘Pancho’ Alberdi se instala en el establecimiento agropecuario ‘San José’, campo que hoy es propiedad de Brané. “La primera casa que construyeron era de adobe, aunque estoy seguro que debieron haber venido con una posición económica muy importante, porque llegaron a tener 18 mil hectáreas”, dijo Adolfo Alberdi.

“Las propiedades de los Alberdi comenzaban en ‘Bella Elena’, cuyos fondos daban contra Bathurst y está separado por una calle de lo que es ‘San Francisco’, que junto a lo que está detrás, que después adquirió Héctor Sein a unas tías mías, llegaba hasta el campo de Rómulo Barreneche. Para el oeste, el campo de los Alberdi llegaba hasta la calle de la actual propiedad de Adolfo Alberdi, ‘La Dorita’, y hasta la que se conocía como ‘Calle de Parrondo’ y todo lo que es hoy de los Garros, porque dos hijas de Braulio Francisco se casaron con Celestino Garrós y un hermano de éste, mientras que Dolores (Lola), la menor, se casó con el Dr. Juan Harriot, por eso los campos de la familia llegaban hasta lo que es hoy ‘La Felisa’ y entrando por la calle del ‘Automóvil’ hasta la Estancia ‘La Primavera’”, refirió don Adolfo Alberdi.

 

Una calle con historia

Prosiguiendo con la historia, se puede afirmar que la calle que limita la propiedad de Adolfo Alberdi es histórica, porque va triangulando la urbanización posterior. “Todas las calles que salen de las vías del ferrocarril lo hacen a 90°, menos esta y esto es así porque fue el límite de la colonización de ‘La Curamalán’; es una calle de treinta metros de ancho y no de quince, como la mayoría de las llamadas arterias de chacras. Ahora está desfigurada por el canal, no es vecinal sino una calle real”, expresó el entrevistado, quien para corroborarlo desplegó sobre una mesa un mapa rural fechado en el año 1913 y que figura mensurado por Augusto Issaly.

Al volver sobre la historia familiar, relató que don Braulio Francisco ‘Pancho’ Alberdi se instala en ‘San José’ con la familia. “Mi abuelo era el mayor, José Gregorio, y tuvo como hermanos a Juan José, María (la madre de los Garrós), Francisco (propietario de ‘Bella Elena’, dejó huérfana a la madre de los Araya, eran cinco hermanos y a los cuarenta años fallecieron de tuberculosis), Lázaro, Benjamín (soltero, que dejó la herencia a los hijos de Francisco) y Dolores ‘Lola’ Alberdi de Harriott”, expresó.

Destacó que “todos se criaron en ‘San José’ y a medida que fueron creciendo mi bisabuelo los iba emancipando. Mi abuelo, José Gregorio Alberdi, se inicia en el trabajo rural como peón y a medida que pasan los años los va ascendiendo y cuando llega a Juan José le deja la administración de ‘La Primavera’, que era el campo más lejano.

José Gregorio queda en ‘San José’, para ese momento ya había construido una casa y a medida que crecía la familia se iban agregando habitaciones. Allí estaba el núcleo familiar mayor”.

Refirió que “Brane solo cerró el corredor, todo lo que es la estancia la construyeron los Alberdi, que después hereda la esposa de Brane, que era hija del menor de los hijos de Juan José Alberdi, que eran Enrique”.

 

El abuelo intendente

“Mi abuelo, José Gregorio, se queda en ‘San José’ hasta que fallece la bisabuela, Felisa Igartúa de Alberdi, en 1927, aunque ella vivía en Buenos Aires. En ese momento se dividen los campos, a mi abuelo le toca ‘San Francisco’ y ‘La Celina’”, refirió don Adolfo Alberdi.

En este momento, refirió que ‘San Francisco’ tiene como casco un chalet que fue pensado para que vivieran en él cinco familias. Actualmente es propiedad de Benjamín Araya. “Lo hizo el abuelo, con un costo enorme… pero lo hizo. Vivió ahí y en Buenos Aires; falleció a los 88 años, el 4 de abril de 1958, se había casado con Celestina Amiama, también de origen vasco”, comentó.

Pero doña Celestina, quien intentó varias veces cambiarse el nombre porque no le agradaba, tiene una historia muy particular, ya que llega a contactarse con la familia Alberdi a partir de habérsela empleado como dama de compañía de Felisa Igartúa de Alberdi, la bisabuela del protagonista de esta historia, y termina casándose con el hijo mayor. Tuvieron seis hijos, ellos fueron: Héctor, Raquel, Raúl, Arturo Celestino (el padre del entrevistado, quien además fue ahijado de don Celestino Garrós), Jorge y Celina.

José Gregorio Alberdi fue intendente de Coronel Suárez en el año 1922. En ese tiempo, a los jefes comunales los elegía el Concejo Deliberante, el pueblo elegía a los municipales y estos, en una sesión, designaba al Intendente.

 

Nació en ‘San Francisco’

“Yo nací en San Francisco, en el año ’30, la inauguré. En ese tiempo la partera, que era doña Martina Galetti, iba al campo. Los hermanos mayores, los tres, nacieron en la casa de mi abuelo materno, don Samuel Davies, que era la que luego fue de Pedro Tenti”, expresó Adolfo Alberdi.

Al seguir comentándonos de su vida, dijo que “desde muy chico andaba a caballo y cuando tenía 4 o 5 años, con mi hermano, agarramos una tijera de tusar y le metimos mano a un caballo. En una de esas llega el abuelo… ¡no nos dijo nada! Sólo le sacó el freno al petiso, le pegó una palmeada para que se fuera y no nos dijo ni hasta luego… lo cual era peor, pero era leal porque a mi padre no le dijo nada”.

Avanzó sobre la vida de su abuelo, José Gregorio Alberdi, sobre quien dijo que “en ese tiempo, los intendentes duraban dos años en el cargo, no eran épocas de grandes obras… el Concejo Deliberante era más fuerte que el propio intendente, sucede que no había personalismos, que es lo que destruyó la política argentina”.

Refirió que “las decisiones eran muy democráticas y había dentro del Concejo personalidades como don Adolfo Jencquel, realmente un personaje de aquellos años, un hombre que sufrió una traición. Como buen alemán, era íntimo amigo de los Bohle, de Pedro y Bernardo, y en una elección donde los conservadores no llegaban a imponer su candidato a intendente, que era Jencquel, terminan los radicales imponiendo al tercero de la lista, que era Enrique Garibotto, situación que lo hizo distanciarse para toda la vida de los Bohle, que también eran alemanes pero radicales, sobre todo Pedro”.

Siguiendo con la política, Adolfo Alberdi expresó que “los radicales siempre ponían palos en la rueda y mi abuelo Davies siempre decía que la perfección del adoquinado se lo debemos a los radicales, porque cada adoquín que ponían lo revisaban a ver si le habían puesto todo y si quedaba parejo. Por eso salió perfecto, porque no hay muchos como las calles que tenemos en Suárez… las de otras ciudades son un desastre”.

“Si uno se ubica en una esquina y mira como colocaron los adoquinas se podrá ver que para formar las esquinas se utilizaba ponerlos en diagonal… era tremendo el trabajo”, comentó Adolfo Alberdi, quien añadió que “cuando se tuvo que levantar algún adoquín, nunca quedó bien. Se utilizaba un pisón español, que eran con cuatro manijas, con eso nivelaban la arena para después colocar el adoquín”.

A Arturo Celestino, padre del entrevistado, le tocó administrar ‘San Francisco’ y por tal razón nació en el casco de esta estancia; Héctor estuvo a cargo de ‘La Celina’ y Raúl en ‘La Pradera’.

 

Una anécdota de Braulio Francisco

Durante la entrevista, se deambuló por todo el árbol genealógico, fue así que sobre Braulio Francisco Alberdi su bisnieto relató que “en una oportunidad, ya disfrutando de una buena situación económica, un paisano le vino a pedir un préstamo y se lo otorga, mientras que quien pedía le exige a mi bisabuelo que se firmara un pagaré y el viejo Alberdi no quería, sabía que la palabra valía y no había papel que suplantara esa realidad”.

“Pero el paisano no aceptaba el dinero si no se firmaba el pagaré y mi bisabuelo accede. Trae el papel y lo redacta, el paisano lo firma y… se lo mete en el bolsillo, mientras que Alberdi se queda perplejo y le pregunta:

  • ¿Para qué me hiciste hacer el pagaré?

Y el paisano, con la seguridad de que le iba a pagar le responde:

- Pero, don Alberdi, si no lo hago así cómo quiere que recuerde la fecha que le tengo que devolver el dinero.

Así era la gente del pasado, valía más acordarse la fecha que la tenencia del pagaré. Esa era la gente de esa época”, agregó Adolfo Alberdi, quien resaltó que “uno de esos hombres era don José Kohen, quien tenía pilas de pagarés y no muchos lo estafaron, pero por sobre todas las cosas son muchos los que le deben a él la casa familiar. ‘Vos llevá’, era su lema y la gente accedía para así tener su casa. Fue un gran benefactor de Coronel Suárez, en ese sentido. Fue un hombre honorable”.