Micro Histórico - Molino harinero ‘La Curumalán’

Micro Histórico - Molino harinero ‘La Curumalán’

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Su construcción, en 1889, dio origen al primer horno de ladrillos de la región. Un singular y antiguo inmueble ligado a los orígenes urbanos suarenses.

Un suceso deplorable se produjo en 1928 en Coronel Suárez: un pavoroso incendio de origen indeterminado, destruyó en gran parte el molino harinero situado al sur de las vías del Ferrocarril Sud, que fuera construido en 1889 –en los predios de ‘La Curumalán’ ubicados en terrenos ferroviarios, sobre la que se denominara ‘Avenida del Molino’, a pocas cuadras de la estación ferroviaria de Coronel Suárez- y cuyas instalaciones, remodeladas, perduran hasta el presente. Cabe acotar que en 1962, debieron demolerse los restos de su portentosa chimenea. Varios meses antes había quedado en pie parte de la estructura, cuando una tormenta eléctrica produjo un rayo, quebrando la columna vertebral de la chimenea del Molino, que servía como faro que identificaba a Coronel Suárez para quienes llegaban por tierra o por aire.

En base a la significación de ese imponente edificio fue promulgada la ordenanza 1972, del 24 de abril de 1986, sobre ‘Preservación’ del Patrimonio Histórico Cultural, declarándose ‘sitio histórico municipal’, al resto d elo que fuera el ‘molino harinero La Curumalán’, conservado en su estructura por sus posteriores propietarios hasta los comienzos del Siglo XXI.

Lamentablemente, y como en la mayoría de los casos, no han quedado memorias descriptas de cómo se levantaron sus imponentes paredes, quienes tuvieron a su cargo las tareas y de quién fue la idea y el proyecto.

Pero al menos queda, por suerte, un trozo vivo que como testimonio real y permanente de lo que fuera, se mantiene desafiando al tiempo y a la propia historia del pueblo, demostrando a las generaciones presentes y futuras que lo que se hizo ya hace más de un siglo, tiene consistencia como para mantenerse en el tiempo.

 

Nuevos destinos de la monumental estructura

“Luego del pavoroso incendio que destruyó el 70% de la majestuosa estructura del viejo ‘molino harinero ‘La Curumalán’ (año 1928), dos años más tarde el predio de 25 mil metros cuadrados fue subdividido en parcelas de 2599 metros cuadrados y vendidas en remate público.

Los 5 mil metros cuadrados que ocupó durante treinta años la fábrica de premoldeados ‘Ince’, fueron originalmente comprados en ese remare por don Pedro Feudillos, productor agropecuario de la zona de Espartillar y doña María Francisca Barreneche, comerciante de Coronel Suárez.

Don Pedro Feuilles construyó en 1931 la casa que desde hace casi cincuenta años ocupara en Uspallata 25. El inmueble en referencia, desde 1931 a 1958 fue arrendado a distintos comerciantes de Coronel Suárez, entre los que podemos citar a los hermanos Sominson y la firma Libovich y Montes.

Doña María Francisca Barreneche vende en el año 1939 su inmueble a don Alfredo Rígoli y este último a don Agustín Cayetano Auricchio en 1949, quien instala en el lugar un aserradero.

Para esto, la estructura central del viejo molino permanecía sin cubierta desde el incidente ígneo. En 1958 se constituye la fábrica de premoldeados ‘Ince’ y ésta arrienda a sus propetarios Feuilles y Auricchio los dos predios de 5 mil metros cuadrados, adquiriendo los mismos cinco años más tarde.

La nave central del viejo molino mantenía aún las 36 columnas de mampostería de ladrillo, cuya base desarrollaba 2.50 por 2.50 metros cada una de ellas.

Los ladrillos utilizados en sta majestuosa construcción fueron fabricados por don Juan Etchegaray en el año 1882, creándose así el primer horno de ladrillos de la región.

La mezcla utilizada en la mampostería se hacía con cal viva de Córdoba, transportada en piedra desde la provincia mediterránea y por ferrocarril; arena de Sierra de la Ventana, transportada en carros desde ese lugar y ‘tierra romana’ (cemento portland) de Sierras Bayas.

El incendio afecto la resistencia de las bases y la demolición de las mismas fue realizada por operarios bolivianos (desocupados luego de las excavaciones que demandó la primera etapa de desagües cloacales realizadas en la ciudad en los primeros años de la década del sesenta).

La caída de las columnas, sumado al de las enormes paredes del edificio, derrumbadas en el sinistro, produjeron mil metros cúbicos de escombro que se retiraron del lugar y fueron colocados en distintas obras de la zona.

Lograda la nivelación del terreno, se realizó la cubierta con la actual estructura parabólica y se realizaron obras complementarias para su adaptación industrial.

En el año 1991, cesó en su actividad la firma ‘Ince’ y el lugar desarrolló diversas actividades comerciales entre las que señalamos el ‘Bingo del Molino’, la ‘Disco Ladrillo’, la ‘Disco Pacha Mama’ y en la actualidad la ‘Bailanta Eclipse’.

 

Otras referencias

El viejo molino harinero ‘La Curumalán’, importante edificio que dispuso construir el director colonizador en el año 1883, cuya terminación demandó tres años, nunca llegó a cumplir su finalidad de molienda de cereales, pues la firma multinacional ‘Bunge y Born’, contrató a Molinos Ríos de la Plata, que era de su propiedad; y los demás molinos se paralizaron o disminuyeron su actividad productiva. Como consecuencia de ello este molino, mientras que lo estaban construyendo se hizo el pacto con Molinos el Río de la Plata, ni las maquinarias fueron traídas por el año 1883/84, cuando comenzó a funcionar el ferrocarril, en lo cual llegaban los materiales requeridos.

En el año 1928, siendo depósito de cereales, sufrió un incendio de magnitud, destruyendo el fuego la mayor parte de sus instalaciones.

En el año 1962, en fecha no establecida, un rayo partió la elevada y elegante chimenea, destruyéndola en su parte superior. El cable a tierra del pararrayos había sido robado, dejando desprotegida a esa excepcional construcción que virtualmente era un símbolo de las perspectivas del progreso industrial y urbano que tuvo Coronel Suárez, en los albores de la población. Cuando la firma Agustín Andrés arrienda esas instalaciones al comenzar la década del ’60, para el acopio de cereales, su titular advirtió que la parte de la chimenea que se mantenía en pie, molestaría las maniobras para los camiones transportadores del cereal que debía almacenarse a granel. Entonces recurrió al Cuerpo de Bomberos Voluntarios que comandaba Rodolfo Solli, quien evaluó como peligrosa la estructura existente y acordaron derribarla. Pero no fue fácil, debiendo desistir hacerlo por tracción mecánica, pese a la prueba realizada con un poderoso camión, tal era la fortaleza de la chimenea de ladrillos cementados que había construido una empresa alemana, de una resistencia excepcional. Finalmente, por sugerencia de los bomberos, se decidió dinamitar los restos de esa chimenea, habiendo quedado, tras la explosión, una pequeña parte de la estructura más baja, que terminó siendo demolida a mazazos por obreros de la empresa de Osvaldo Ziegler. El triste epílogo de la chimenea del popularmente conocido como ‘Molino quemado’, se registró en 1961, hace exactamente medio siglo.

 

Sobre el primer horno de ladrillos

El primer horno al que se hizo referencia, según supo comentar don Juan Sixto (experimentado imprentero de la ciudad y que la adquiriera a Miguel Etchegaray), fue instalado en Coronel Suárez, donde funcionó algunos años, por Abraham Zendri, quien llegó procedente de Azul y era casado con María Etchegaray, hija de don Miguel.

Comentó don Juan Sixto que dicho horno fabricó ladrillos no sólo para el molino de ‘La Curumalán’, sino también para la curtiembre de la familia Zaborowski.

Respecto a don Miguel Etchegaray, casado con Mariana Alberdi, tenía la imprenta que se cree fue la primera que funciono en Coronel Suárez. Y en cuanto a la Farmacia Etchegaray, su dueño era don Pedro Etchegaray (primo de Miguel) y tío de Pedro ‘Poté’ Echaide, profesional farmacéutico que estuvo al frente de dicha farmacia hasta que decidió retirarse, habiendo sido declarado por el municipio el ‘ciudadano destacado’ en 1998.