Micro Histórico - Otra de las obras que nos dejó el maestro Antonio Bagué. Fue inaugurada en 1936

Micro Histórico - Otra de las obras que nos dejó el maestro Antonio Bagué. Fue inaugurada en 1936

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El Cristo Redentor fue la primer ofrenda de amor a Jesús en una vía pública bonaerense

En marzo de 1935, la Municipalidad de Coronel Suárez le encargó a Antonio Bagué la ornamentación para los festejos del 25 de mayo. Con este fin comenzó a realizar los modelos de una gigantesca figura de Cristo, un mástil y una representación de la cordillera de los Andes y el paso del ejército libertador, todos destinados a ser ubicados en la plaza principal de la ciudad, enalteciendo, así, por un lado el amor patrio y por el otro el amor a la religión.

El 23 de marzo se realizó una reunión abierta con diferentes vecinos con el objetivo de organizar las celebraciones, donde las ideas de Bagué fueron aceptadas inmediatamente, surgiendo en esa oportunidad una comisión que tuvo a su cargo recaudar por medio de una gran colecta popular el dinero necesario para la erección de uno de esos proyectos, el del Mástil Patrio, el que finalmente se inaugura el 12 de octubre de 1935.

Del proyecto original para la celebración de los festejos de mayo, quedaron por realizar el friso sanmartiniano y la figura de Cristo. El primero fue definitivamente abandonado, en tanto que la segunda obra, emplazada en el camino que une Coronel Suárez con los pueblos alemanes,  fue concluida y bendecida el 29 de noviembre de 1936, en una ceremonia religiosa presidida por el obispo de Bahía Blanca, monseñor Leandro B. Astelarra. Es significativo el hecho de que quien corrió íntegramente con los costos de realización fuera Daniel Amadeo y Videla, a quien le era tan grato que se realizara la tarea.

La figura de Cristo con los brazos abiertos, cuyos pies descansan sobre un globo terráqueo junto a una gran cruz de mampostería de 12 metros de altura como marco y la inscripción “Detente caminante, descúbrete y ora” en la base, simbolizaría el dominio de Dios sobre su creación.

Al igual que el basamento del Mástil patrio, la obra presenta una  estructura geométrica sólida y austera que, al conjugarse con la escala le otorga un fuerte componente psicológico: un Cristo inconmensurable, sereno y eterno, protector de la creación de Dios y única vía para la redención del espíritu, se presenta monumental y majestuoso ante el hombre, empequeñeciéndolo.

Por otra parte, es importante destacar que, al mismo tiempo que realizaba esta obra, Bagué se encontraba trabajando en otra similar en la ciudad de San Carlos de Bolívar, la cual, concluida a principios de 1937 y con características idénticas al Cristo suarense, posee, como diferencia fundamental, una inscripción diferente en la base de la cruz. En tanto la realizada en Coronel Suárez presenta la frase “Detente caminante, descúbrete y ora”, la de San Carlos de Bolivar representa una síntesis no solo del pensamiento de Antonio Bagué, sino también de un sector importante de la sociedad de ese momento: “Dios, Patria, Hogar”.

Previo a la inauguración, El Imparcial publicó una entrevista a Antonio Bague, en donde relata los pormenores de la realización de la obra como así también las razones para elegir el lugar donde finalmente se emplazó. Dijo que “al Dr. Daniel Amadeo y Videla le era grato que se realizara la tarea, y en vista que ello era cosa mía, me permití preguntarle si tendría algún inconveniente en correr con los gastos que demandara la construcción del Cristo Redentor. Me contesto complacido en forma afirmativa y se concibió que la se ejecutaría, buscándose más tarde un lugar apropiado para colocarla. Posteriormente conferenciando con el Dr. Juan Harriott y el intendente municipal, don Samuel Davies, se convino en que la calle que va a las colonias era el sitio de preferencia. Por indicación del Dr. Harriott nos trasladamos al terreno que posee Juan Bernardo Goñi y lo hayamos muy conveniente. De allí lo fuimos a ver a Goñi y se lo solicitamos, a lo que no opuso el menor reparo, cediéndolo en forma gratuita”. Finalmente, Bague expresaba que “Los trabajos dieron comienzo enseguida, esforzándome yo por terminarlos cuanto antes”.

 

La llegada del Obispo

La bendición de la obra se produjo el 29 de noviembre de 1936, con la presencia del obispo de Bahía Blanca, monseñor Leandro B. Astelarra, quien arribó a la ciudad por tren en el anochecer del sábado 28 de noviembre.

Fue una grata presencia para el pueblo suarense y de hecho así se lo hicieron saber al pastor, porque fue recibido por el intendente Samuel Davies y su secretario, Deyaniro Macías; por el presidente del Concejo Deliberante, Juan Harriott; por el titular y secretario del Consejo Escolar, Dr. Enrique Herrera Paiva y Julio E. Macías; por el cura párroco Bautista Lacunza; por diputado nacional Dr. Daniel Amadeo Videla, por el Dr. Torras y por el autor de la obra, Antonio Bagué.

Por decisión del Obispo, tan distinguida delegación se dirigió a la casa parroquial de a pié, mientras las campanas de la Iglesia “fueron echadas a vuelo –publicó El Imparcial-, en tanto se observaban muchos autos estacionados en las esquinas y público que desde las veredas seguían el paso de la comitiva”.

Esa misma tarde de sábado Monseñor Astelarra se dirigió a conocer la obra y frente a ella, escribió El Imparcial, “fue dado apreciar el grado de satisfacción que la obra produjera en el ánimo del obispo, que tuvo palabras de elogio para la iniciativa y para su autor”.

En un aparte, el pastor le dijo a uno de los cronistas de El Imparcial que “se trataba del primer monumento, símbolo del corazón de Jesús, erigido en una vía pública en la Provincia de Buenos Aires, lo cual era todo un honor para Coronel Suárez”.

 

La inauguración en sí misma

Fue catalogada como una “brillante ceremonia” a la que vivió el pueblo de Coronel Suárez aquel 29 de noviembre de hace setenta años, cuando se dejaba inaugurado el Cristo Redentor suarense.

Ese domingo, después de los oficios religiosos de rutina, se organizó la gran procesión hasta el lugar donde se levantó el monumento, en donde desde muy temprano estaba el obispo Leandro Astelarra junto a su secretario, el reverendo padre Más. Relata la crónica periodística de la época que “la comitiva partió desde la Iglesia, mientras los megáfonos municipales hacían oír piezas musicales de circunstancia; el cortejo tenía más de cuatro cuadras de largo y era presidido por las banderas pontificia y nacional. Además, el avión de Coronel Suárez, tripulado por el Ing. Vera y Marcelo A. Videla, voló en repetidas veces sobre la muchedumbre, arrojando flores”.

El oficio religioso estuvo a cargo de Monseñor Astelarra, quien bendijo la obra, estando presentes la madrina, Juan B. de Goñi y el padrino, Juan Bernardo Goñi. La música estuvo a cargo del maestro Enrique Albano, acompañado por los coros parroquiales.

El Obispo, después de agradecer a los ideadores y constructores del monumento a Cristo, dijo que “he recorrido la Provincia, visitando todos sus pueblos y ciudades, y puedo asegurar que no he encontrado esta ofrenda magnífica”.

“Es el primero que se levanta en una calle pública de la provincia y constituye una demostración y una definición en esta época de duda, de incertidumbre”, dijo aquel 29 de noviembre de 1936, el obispo Astelarra.

“Y allí, enfrente, está el mástil de la bandera argentina. Este Cristo de bondad bendice aquélla, que es símbolo de la soberanía del pueblo y jura morir en defensa de la idea de su Patria, ante este Cristo Redentor que es símbolo de nuestra religión, que anuncia paz a todos los habitantes de Coronel Suárez”, enfatizaba el obispo, quien sobre la obra en sí agregó que “con los brazos abiertos está anunciando la tranquilidad de espíritu de la Nación; con los brazos abiertos anuncia el bienestar, la prosperidad a toda la República. Y señala rumbos, nuevas orientaciones, no sólo a la Provincia sino a toda la Patria. Al mismo tiempo que proclama la paz, la justicia y la unión, nos dice cual es el camino de verdad en la vida, desde su alto pedestal”.

Indicó también Monseñor que “de aquí surgirán fuentes de agua pura y podrán en ella saciar su sed los que buscan la justicia y el amor” y destacó que “cuando pasen los humildes, los que trabajan el surco, cansados, elevarán su mente y su corazón hacia el Divino Redentor, y así a buen seguro habrán de hacerlo todos los que por aquí vengan. Leerán esta magnífica leyenda: ‘detente, descúbrete, porque es la imagen de tu redentor, y ora, eleva una plegaria por mínima que sea al Redentor, para que El derrame la bendición al hogar y al pueblo”.

Después de la bendición se realizó un Tedeum en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, que ofició el Padre Reim junto al Obispo y asistiendo la concelebración los sacerdotes Lacunza, Más, Hoenerbach y Selinsky; terminando todo con un vermouth que le ofreció el intendente Samuel Davies en el hall del Palacio Municipal.

 

Un arco iris

Quien corrió con los gastos que demandó la construcción, el por entonces diputado nacional Daniel Amadeo Videla manifestaba, a través de El Imparcial, dijo que el Cristo “el símbolo de la cruz habrá de resplandecer cada vez más cuanto mayores sean las perturbaciones sociales” y destacó que “se asemeja al arco iris después de la más horrorosa de las tormentas. Es como la guarda del tesoro más preciado y hace que se robustezca la fe en Cristo, tesoros espirituales que son superiores a los problemas políticos, económicos y hasta administrativos”.