Micro Histórico - Un hallazgo histórico

Micro Histórico - Un hallazgo histórico

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En 1902, el presidente Julio A. Roca viajaba para inaugurar Curamalal

Desde no hace mucho tiempo, por iniciativa de Mirta Resch, delegada municipal ad honorem de Curumalán, se comenzó a conmemorar la fecha de fundación del pueblo, instituida el 17 de septiembre de 1905, cuando se llevó a cabo una subasta de lotes, basada en el plano que fuera medido y trazado por el ingeniero Nicolás Valsoe.

No obstante, el pueblo existió desde antes. Incluso, en los últimos meses, las autoridades del Archivo General de la Nación publicó en las redes sociales una fotografía, con número de inventario 33702, en la cual se observa al presidente Julio A. Roca haciendo un alto en el viaje realizado desde Buenos Aires, para inaugurar Curamalal, en 1902, tres años antes de la fecha tomada como fundacional.

La fotografía es la que ilustra este audio y nota periodística y lo notable fueron la cantidad de comentarios que generó y que trajo a debate, una vez más, aquella vieja antinomia entre los defensores de la cultura indígena y los cultores del avance de la civilización, que son los que hablan de Conquista del Desierto, en algo que fue una avanzada con los indígenas.

La discusión se centra en cuestiones que poco tienen que ver con el relato o análisis histórico, ya que nadie se sitúa en la situación que se vivía y cuál era el pensamiento de aquel momento. Es decir, se opina desde el hoy y sin tener en cuenta la realidad socio-cultural de aquellos antes.

Una de las opiniones fue que Roca “fue el presidente argentino que dio impulso al crecimiento económico y demográfico del país. En su gestión se hicieron obras fundamentales como el puerto de Buenos Aires y comunicó al país a través del ferrocarril, entre otras cosas. El progreso y desarrollo del país dio comienzo con su gobierno. Además de comenzar con la inmigración de italianos y españoles que vinieron a trabajar y producir”.

Mientras que alguien respondió que “con el argumento de 'sin ellos no tendríamos... ', es peligrosamente cercano al de algunos estados muy fundamentalistas que hacen estragos sobre poblaciones nativas en el presente. La historia no es para simplificarla, claro está, pero la idea de que fue hecho en pos de la patria como una división de 'ellos' o 'nosotros' para la cual vale todo, es compleja. Esa lógica, se invierte en cualquier momento y sirve para excusar cualquier cosa”.

Acotaron que “lo poco que nos queda que funciona bien fue gracias a esa Generación que pensó en las generaciones venideras. Ellos pensaban el país a 150 o 200 años, como los tanos que venían y plantaban árboles que tardaban 80 años en crecer sin importarle verlos crecer, porque un país grande se construía o construye pensando que hay cosas que no las va a ver pero si las próximas generaciones. ¡Por eso ellos son muy grandes, pensaron en el otro en serio”.

Un interesante argumento para discutir lo dio un cibernauta que escribió que “en la Argentina de 1877 había un consenso prácticamente unánime por librar a los colonos del flagelo del malón, y Roca lo instrumentó no sólo con solvencia militar, sino también con mesura política, reduciendo su acción militar a batir en combate a los pocos miles de lanzas que, pese a sus ofertas de paz, lo desafiaban. Debe reconocerse también que Roca no consiguió que Chile admitiera nuestra soberanía sobre la Patagonia mediante una guerra que supo evitar, sino que, haciendo gala de su insuperada astucia, justamente cuando Chile libraba contra Perú y Bolivia la Guerra del Pacífico de 1879-1883, con sólo insinuar al gobierno trasandino que, a menos que aceptara nuestros reclamos en el Sur, entraríamos en esa guerra del lado de sus enemigos, obtuvo lo que pretendía sin disparar un tiro”.

Y acotaba que “Roca fue un militar profesional que guerreó para construir el Estado nacional. Peleó en la Guerra del Paraguay, combatió a los poderes provinciales que cuestionaban la autoridad nacional, derrotó a los imperios aborígenes del Sur y definió las fronteras argentinas, ocupando un territorio que por entonces también pretendían los chilenos. Si se trata de leer el pasado desde el presente, deberíamos condenar también la manera en que, a lo largo de siglos, algunos ‘pueblos originarios’ -por ejemplo, los aztecas o los incas- trataron a otros. Al menos, Roca no hacía sacrificios rituales con los prisioneros. El Presidente Roca fue, en definitiva, el prócer argentino que nos dio la Patagonia sin derramamiento de sangre, al evitar la inminente guerra con Chile”.

 

¿Qué dicen los que combaten a Roca?

Como siempre, están los detractores de Julio A. Roca, que en una de las opiniones expusieron que el General “durante las sesiones del Congreso pretendía que se apruebe el proyecto del progreso y demás en ‘la conquista del desierto’, él se comprometió a dar buen trato a los pueblos originarios trasladándolos a haciendas para proporcionarles unidad familiar, trabajo y un lugar dónde habitar. La cuestión fue que hizo todo lo contrario, asesinó, y vendió a los indios jóvenes a modo de esclavos, los hijos fueron separados de sus padres en terribles escenas desgarradoras en el puerto de Buenos Aires, los demás fueron hacinados en galpones. (Osvaldo Bayer, "Los Vengadores de la Patria Trágica", 1974)”.

Otra opinión interesante fue aquella que indicó que “todo proceso histórico debe verse en su contexto y en este caso más aún. Ahora, quizá lo peor de la campaña de Roca haya sido el modelo latifundista que implantó (o más bien consolidó) en las grandes extensiones ganadas. Quizá con un modelo de propiedad de la tierra más ‘granjero’ que ‘hacendado’ la historia económica del país hubiera sido diferente”.

También se opinó en contra de la actitud del indígena que, en rigor de verdad, sentía que los estaban invadiendo, afirmando que “los malones eran terribles: una verdadera orgía de sangre y fuego; mataban a los hombres, robaban e incendiaban todo, se llevaban cautivas a las mujeres, a quienes desollaban las plantas de los pies para que no huyeran; y arriaban miles de cabezas de ganado hacia Chile donde los araucanos los intercambiaban por productos y particularmente por los modernos fusiles Remington con que iban armados en sus correrías”.

A favor de Julio A Roca, como ministro de Guerra, se dijo que “quedo afuera del reparto de tierras que el gobierno de Avellaneda le dio a las tropas. Recién en 1884, el gobernador Rocha le dio el campo en Guamini. Roca cumplió órdenes del Senado de la Nació, ya que los indígenas de Calfucura, estaban diezmados con anterioridad”.

Y para terminar, el aporte de una persona que escribió que “lo más trágico de aquella época es que los indígenas no eran considerados humanos, su cosificación era justamente lo que justificaba su exterminio. Pero, por otro lado, ese mismo tratamiento daba el indígena a los colonos que se encontraban en inferioridad numérica frente a los malones, donde fueron asesinados y sus mujeres tomadas como rehenes. Esta historia de la Argentina está teñida de sangre y no la lava una disputa roquismo – antiroquismo”.

En definitiva, esta publicación es un homenaje a Curumalán, que en su historia recibió al menos la presencia de dos expresidente, Julio Argentino Roca en 1902 y una década más tarde, a José Figueroa Alcorta.