¿Por qué la provincia de Buenos Aires perdió 3,5 explotaciones agropecuarias por día en estos 30 años?

¿Por qué la provincia de Buenos Aires perdió 3,5 explotaciones agropecuarias por día en estos 30 años?

Publicado el 26 de Noviembre de 2019.

Con una caída del 51,41 % del número registrado en el territorio bonaerense para el período de 30 años entre 1998 y 2018, puede inferirse que se perdieron 3,54 explotaciones agropecuarios por día en los últimos 30 años.

Así se desprende de los resultados preliminares del Censo Nacional Agropecuario presentado la última semana desde el Indec.

Sólo otras dos provincias, Tucumán (—74,90 %) y Corrientes (—52,49 %) están por encima de Buenos Aires.

Por su parte, las cifras totales de los 23 distritos del país indican una pérdida menor, con un EAP cada 15,54 días para las mismas tres décadas contempladas (10.958 días).

La caída es del 40,44 % (250.881 explotaciones agropecuarias de 2018 versus 421.221 de 2018).

El CNA del año 1988 indicó, en Buenos Aires, 75.531 EAP. La reducción se advirtió con la encuesta oficial de 2002 (51.116 EAP)  y continuó en el año 2018 (36.700).

La disminución —siempre de acuerdo con la interpretación del medio de comunicación "La Nueva".— para el segmento 2002/2018, en tanto, fue del 28 %.

“Los pequeños productores no tienen escala para afrontar el gasto que implica la actividad, desde los costos de la producción misma, ingresos brutos, impuesto al cheque y a sellos, retenciones y demás”, asegura Guillermo Irastorza, productor del distrito de Coronel Dorrego.

“Esto es, lo que sucede es consecuencia de una cuestión impositiva”, agrega.

“Muchos dicen que los pueblos se van despoblando por el ferrocarril, por ejemplo, pero la realidad es que sucede porque los impuestos son a la producción y, encima, nunca regresan, sino que se van a alimentar ocurrencias de algunos políticos”, manifiesta.

“Si los impuestos que se pagan se destinaran a la tierra el tema no cambiaría de golpe, pero empezaría a renovarse. Y el dato no es menor, porque con estos impuestos productivos la única forma de defenderse, porque no existe otra, es agrandarse; es decir, ser un gran productor”, explica Irastorza.

“El problema, en sí, es el mismo. Como productor, hay que intentar agrandarse para defenderse”, dice.

“El pequeño productor te termina alquilando a vos y él se convierte en un pequeño rentista, o termina vendiendo el campo a alguien que le paga en dólares, de dudoso origen, y que de golpe se transforma en eventual productor”, admite.

Irastorza también sostiene que, hoy, una hectárea en nuestra zona tiene un valor de mercado de entre 1.800 y 2.400 dólares, cuando tendría que valer cerca de U$S 1.200.

“¡Es mucho! Porque, insisto, ese precio lo pagan quienes no son productores y deciden invertir en esto, por decirlo de alguna manera, pero sin la intención de integrarse a la producción”, asegura.
El productor también alude al denominado impuesto a la tierra.

“En la Argentina es regalado y hoy competís con quienes compran campos, porque tienen excedentes de otras actividades. Ahora, pregunto: ¿cuál es el único país del mundo donde uno compra tierras y no paga nada? Argentina”, indica.

“El impuesto Inmobiliario (Rural) que pago (NdR: por mes) es lo mismo que un atado de cigarrillos”, expresa.

Otras provincias consideradas relevantes —por la cantidad de explotaciones agropecuarias— también tuvieron una caída significativa por todo concepto de actividad, aunque por debajo de Buenos Aires.

Son los casos de Entre Ríos, con el 48,99 %; Córdoba, con el 48,50 %; Santa Fe, con el 46,13 % y  Mendoza, con el 39,86 %.

“La cantidad de hectáreas con las que puede vivir una familia tipo se ha incrementado muchísimo en este tiempo”, dijo María Marta Casali, productora agropecuaria en el sudoeste bonaerense e integrante de la Regional Bahía Blanca de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

“Antes, con muchas menos hectáreas, se tenía una rentabilidad tal que se podía vivir, mantenerse, enviar los chicos a la escuela, generar un ahorro y reinvertir en la actividad”, asevera.

“Con el tiempo, la cantidad de hectáreas debieron ser mayores porque la rentabilidad se redujo, lo que ha llevado a que las pequeñas explotaciones sean absorbidas por nueva gente que se incorpora”, explica.

Casali asegura que los cambios, hoy, conllevan una menor permanencia de familias en el sector rural, donde los costos para vivir son mayores respecto de la ciudad.

“Esto, sumado, a la falta de comunicación y conectividad, incluidos los caminos rurales, provoca que las familias se trasladen a las ciudades más que antes y se instalen. Un indicio de eso se aprecia en que hay menos escuelas rurales”, indica.

El dato de la provincia de Tucumán es el más impactante de todos los publicados en el CNA.

En 1988 tenía 16.571 explotaciones agropecuarias, pasó a 9.890 en 2002 y a 4.160 en 2018. Perdió, de esta manera, 1,13 explotaciones agropecuarias por día en estos 30 años.

“Una de las razones de la pérdida de las EAP tiene que ver con la división de los campos grandes por herencias y sucesiones”, dice Braian Robert, presidente de los Ateneos Juveniles Carbap; integrante de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Bahía Blanca (AGA) y del Ateneo Rural de Bahía Blanca y productor.

“Por eso disminuyeron las superficies y después de hacer las divisiones se comprueba que no a todos les interesa el campo, con lo que ello conlleva”, expresa Robert.

“Por otro lado, la gente que en su momento vendió el campo y pretende regresar, ya no lo puede comprar”, agrega.

“En la provincia de Buenos Aires se da un fenómeno superior al resto del país porque es más tentador, para las empresas y para los grandes productores, adquirir explotaciones agropecuarias pequeñas”, expresa.

“Una de ellas son las condiciones edáficas y climáticas. También que las EAP tienen mejor acceso a los puertos, lo que aumenta la rentabilidad de las producciones y la conectividad”, afirma.

“Y, desde el punto de vista de los productores chicos que venden, es claro que tienen más chance de trasladarse a las grandes urbes al dejar la actividad”, explica.

Robert dice que el productor del norte de la provincia de Buenos Aires tiene una visión más empresarial del campo, con lo cual, si la firma no es rentable, sale de la producción y se dedica a otra actividad, por dentro o fuera del sector.

“Más allá de la caída del número de explotaciones agropecuarias, son más los pequeños y medianos productores que ya no están producto de las malas políticas que venimos teniendo en el sector”, destaca Alcides Haure, productor y dirigente gremial de Federación Agraria Argentina (FAA) de la localidad de Stroeder, en el sur del sudoeste bonaerense.

“En los últimos años en esta zona se apuntó más a la ganadería pero, lamentablemente, la actividad está en manos de cada vez menos productores”, manifiesta.

“El pequeño y mediano, después de las sequías de los años 2008, 2009 y 2010, quedó muy mal parado y no se ha podido recuperar como corresponde”, sostiene.

Haure expresa que el campo es el engranaje fundamental para traccionar a los pueblos del interior.

“Cuando el sector está más o menos en movimiento, automáticamente impacta en el taller más chico, en las gomerías y en los comercios. Y en épocas en las que estamos entrando, como es la cosecha, el movimiento es más pronunciado aún”, asegura.

“¿Cómo se sostiene al productor en el campo? Cuando en el año 2015 se modificó el sistema de comercialización se produjo un impacto terrible. Al productor, de mayor o menor escala, si se lo deja trabajar termina provocando un derrame que repercute positivamente en las economías regionales”, dice.

 

¿Seguirá esta tendencia?

“¿Si se podrá revertir esta tendencia? No veo que tenga marcha atrás en el corto plazo, aunque es probable que se amesete”, asegura María Marta Casali.

“Las comunicaciones se van mejorando e, incluso, por eso alguna gente de los grandes ciudades se traslada a vivir a pueblos cercanos del interior”, comenta.

“Por ejemplo, en Tres Picos (NdR: distrito de Tornquist) no es sencillo conseguir un lote. Es decir, con buena conexión y buenas rutas todo se acerca. Cruzar Bahía Blanca de una punta a la otra insume media hora; y desde Bahía Blanca a Cabildo también se tarda media hora”, calcula Casali.

“¿Si soy optimista en que este proceso muestre un amesetamiento? Sí”, dice Guillermo Irastorza.

“El período de cuatro años de Mauricio Macri provocó un quiebre en el país, pero los que asumen ahora, que ya estuvieron antes, no tienen otra alternativa que la inversión y la exportación. Y, más allá del sector agropecuario, no podrán poner impuestos a la producción, porque si no no se podrá exportar”, dice.

 

(Fuente: La Nueva)