Micro Histórico: Un suarense escaló solo el Aconcagua

Micro Histórico: Un suarense escaló solo el Aconcagua

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Ocurrió en enero de 1950 y sentó inigualado precedente, arriesgando su vida que salvó por conocimiento de la montaña, su fortaleza y tenacidad. El autor de la proeza, Orlando Araujo, era sargento del Ejército, retirándose como suboficial mayor.

Han pasado los años y es poco probable que muchos suarenses se acuerden de la singular hazaña que causó sensación y constituyó un orgullo para la población, el saber que el integrante de una familia afincada en Coronel Suárez se haya convertido en protagonista de una proeza de valor internacional entre los escaladores de montaña. Nada menos que hacer cumbre en el Aconcagua, la montaña más alta de América.

Al respecto decía en ese momento el diario local ‘El Imparcial’: “Ha correspondido a un hijo de Coronel Suárez el honor de ser el primer argentino que escala en soledad la cima del Aconcagua. El autor de la hazaña es el sargento del Ejército Orlando Araujo, de quien se careció de noticias por mas de diez días, lo que hizo que se temiera por su vida, intranquilidad que se extendió como es lógico a sus ancianos padres residentes en una casa situada en las calles 12 de Octubre y Villegas de nuestra ciudad”.

 

Cómo se realizó la hazaña

El sargento Araujo, perteneciente al Batallón Zapadores de Montaña, con asiento en Jujuy, donde después, ya retirado, fijo su residencia familiar, aprovechando una licencia que se le concediera para fin de año, se trasladó a Mendoza para llevar a cabo la audaz empresa que venía planeando desde hacía varios años. Los 7035 del Aconcagua, la cumbre más elevada de América, han constituido siempre una tentación para los andinistas de todo el mundo, máxime teniendo en cuenta que la configuración del terreno exige condiciones extraordinarias para vencer las acechanzas de las grandes nevadas, de los precipicios, de la baja presión atmosférica y de todas las dificultades que hacen aún más riesgosa la de por sí difícil tarea de escalar una altura semejante. Inútiles fueron las tentativas que sus colegas y amigos hicieron para que Araujo desistiera de ese propósito de tal manera que el 13 (enero de 1950), nuestro convecino inició el ascenso llevando consigo una bandera argentina y banderines de instituciones deportivas del género, así como de los clubes Blanco y Negro, Deportivo Sarmiento y Boca Juniors de nuestra ciudad.

 

El descenso

Con los inconvenientes que son imaginables, Araujo cumplió su hazaña, pero al descender un temporal de nieve le hizo extraviar el camino, por lo que para regresar debió deslizarse por glaciares y ventisqueros, estando en varias oportunidades a punto de perder la vida, aunque Araujo, que es un muchacho modesto, se ha negado sistemáticamente a detallar las peripecias de su expedición. Finalmente, pudo llegar a un refugio del Ministerio de Obras Públicas, en las proximidades del nacimiento del río Vaca, donde auxiliado por unos arrieros que le facilitaron un caballo, consiguió cubrir los 35 kilómetros que lo separaban del refugio militar de Punta de Vaca.

 

Carta a su madre

Orlando Araujo, a poco de su hazaña, remitió una carta a su señora madre, doña Carmen Cruz de Araujo (su padre fue don Pedro Araujo, un reconocido peluquero y comerciante de la ciudad), para quien han sido sus primeros pensamientos no bien ha comenzado a reponerse del desgaste ocasionado por su hazaña, donde dice textualmente:

“Querida madre: recién hoy puedo escribir estas pocas líneas para decirte que ya vencí al Aconcagua y que la Virgen de Luján y los banderines ya están en la cumbre. Te diré que fui solo y me tocó un temporal de nieve, pero alcancé a descender haciéndolo por otro camino. Entonces, estuve seis días que me dieron por perdido, pero llegué bien. Hoy estoy en el Hospital Militar de Mendoza con pequeñas quemaduras en las manos. Pronto iré por Suárez, ni bien me den de alta”.

 

Contando sus experiencias

Orlando Araujo ha estado muchas veces en Coronel Suárez, donde están sus familiares y amigos. La última de esas visitas registradas periodísticamente se la puede rescatar de Nuevo Día, en un reportaje publicado el 2 de octubre de 1986, cuando tenía 62 años de edad.

Recordó que había nacido en Bolívar, provincia de Buenos Aires, llegando a los 7 años a Coronel Suárez con su familia, realizando aquí sus estudios primarios.

Luego trabajó de ayudante mecánico, hasta que le tocó el servicio militar en el Ejército de Montaña, en Mendoza. Cuando obtuvo la baja ingresó a un colegio militar, de dnde egresó con el grado de cabo, teniendo varios destinos en distintos regimientos.

Al hacer el servicio militar en un escuadrón de montaña comenzó a gustarle la actividad,  fue así que en una de sus licencias decidió escalar el Aconcagua individualmente, precisando: “Lo hice y fui la primera persona en la historia que llegó a la cima del Aconcagua solo. El inicio fue el 15de enero de 1950; dos días antes quise comenzar el ascenso, pero dos temporales de nieve me lo impidieron. Fue así como comencé el ascenso y al tercer día, ya a los 5800 metros de altura, a la mañana, comienzo el ataque a la cumbre y me encuentro tres libros en los cuales se anotan las personas que llegan a la cima y la fecha en que lo logran. Yo dejé depositado, en la cumbre, un banderín del Centro Blanco y Negro, otros de Deportivo Sarmiento y de Boca Juniors, y una virgencita que me había dado mi madre para que la depositara en los más alto y rescaté la bandera argentina firmada por Ibañez, que había depositado una semana antes.

Luego inicié el descenso en medio de la tormenta, no se veía nada, buscando perder altura por una ruta distinta a la que había ascendido. A causa de la tormenta perdía el camino y al tercer día, ya extraviado completamente, casi ciego, con los dedos completamente congelados, sin alimentación, encontré unos arrieros y volví a vivir; ellos me auxiliaron y me llevaron a un hospital, donde estuve un tiempo internado en recuperación.

Fue el único ascenso que realicé individualmente. En grupo escalé nuevamente el Aconcagua, también el Tupungato, el Cerro San Lorenzo en Santa Cruz, de 3700 metro; el cerro Cachi, en Salta, de 6720 metros y el Chaines, de 6200 metros”.

Finalizando el reportaje, Araujo expresó que conoció todo el país, a lo largo y a lo ancho, ya que a lo largo la recorrió desde La Quiaca a la Antártida, luego desde la costa atlántica al Cristo Redentor, a lo ancho y a lo alto realizó el ascenso al Aconcagua.

 

Repercusiones en la prensa nacional

Para tener dimensión de la proeza de Araujo, extraemos lo que a nuestro criterio son los conceptos más salientes publicados en enero de 1950 por varias publicaciones de circulación nacional, entre ellas La Prensa y La Nación de Buenos Aires. Por ejemplo, el vespertino porteño La Razón en una nota de su corresponsal en Mendoza, fechada el 29 de ese mes, comenzaba señalando: “Todos quieren ver y felicitar al sargento Araujo, al bravo andinista que ha cumplido una hazaña sin precedentes en la historia mundial de los escalamientos de montañas; como que ha subido solo hasta la cumbre del Aconcagua.

Ha sido la suya una proeza realmente extraordinaria, y como tal la valoran los que conocen la famosa montaña y que saben cuántos obstáculos opone a las comisiones que quieren escalarla. Hay una larga nómina de seres que han entregado la vida en el intento. Tan difícil es la ascensión al altísimo pico, situado a 7.000 metros, que nadie había osado pensar en intentarla individualmente.

 

Solitario en la cumbre

Si se lo apura mucho, recién es posible vencer al sargento Araujo en su propósito de hablar poco y nada del asunto. Entonces, tironeándoles las palabras, vamos sabiendo que a las 2 de la madrugada deldía 13 del actual (1950) emprendió la marcha hacia arriba, con escaso equipo y que, horas más tarde, lo sorprendió una furiosa tormenta que lo obligó a refugiarse en una cueva.

Dos días más tarde, el 15, a las 14:00, Orlando Araujo llegaba a la cumbre. Lástima que no diga qué sensación siente un hombre así, empinado y solitario, azotado por los vientos, mucho más alto que los cóndores, dominando el inconmensurable paisaje de nieves blancas y sombreadas, según las situaciones que se suceden sin término aparente.

 

El descenso peligroso

Veinte expediciones anteriores habían llegado a la altura máxima de la más imponente cordillera de América. Pero nunca un hombre solo. El Sargento Araujo colocó allí la bandera argentina y emprendió el regreso por lugares no hollados, buscando una nueva ruta de descenso. Por una ladera nunca transitada comenzó a bajar y durante dos días se jugó la vida cien veces al pisar donde podía estar firme o desmoronarse la piedra o deshacerse la nieve en apariencia dura como el hielo.

Llegó al Río de las Vacas24 horas después de haber abandonado la cúspide, sin alimentarse en todo ese largo día, y bebió echando de bruces, bebió como para apagar la sed y mitigar el hambre. Al otro día llegaba a un refugio de Obras Públicas, donde lo descubrieron unos arrieros que le prestaron un caballo con el cual terminó el trayecto”.

 

Cuarenta años después

En 1991, la revista militar El Arma de Ingenieros, publicó, evocando la hazaña de Araujo, el siguiente comentario: “El suboficial mayor de Ingenieros, Orlando Araujo, siempre fue un entusiasta de la montaña. En los inicios de su carrera, en 1944, cubrió destino en San Carlos de Bariloche, donde la nieve, los cerros y el paisaje le llenaron el cuerpo y el espíritu de ese inescrutable sentido que anima al hombre de montaña. Su cuerpo robusto y de no mucha altura, su habitual austeridad, su modestia y su sereno don de mando le confirieron un honroso lugar entre sus pares, una profunda estima de sus superiores y una incomparable autoridad entre sus subordinados. Realizó los cursos de montaña con la naturalidad y el esfuerzo propio de los llamados a descollar en la especialidad. Así, obtenida la de ‘Apto para tropas de montaña’, llegó destinado a la Agrupación de Ingenieros de Montaña Jujuy”.

Este medio de comunicación especializado también hace un relato del ascenso de Araujo al Aconcagua, con similares comentarios a los que reflejaron los diarios porteños de la época de la hazaña.

 

Descansa al pie del cerro Purmamarca

Una vida tan rica en experiencias de montaña, además de una impecable carrera militar y ser un hombre de bien, se apagó el 7 de octubre de 2002. Orlando Araujo, que padecía unaafección de hipertensión, falleció a los 78 años en Jujuy, donde residía con su familia desde hacía mucho tiempo.

Fue cumplida la voluntad de que sus restos mortales fueran sepultadas al pie del cerro Purmamarca, distante a 60 kilómetros de Jujuy, en lo alto del cementerio del lugar. Tal era su amor por la montaña que quiso permanecer en su seno, aún después de que su vida terrenal se extinguiera.